Presentar esta película sería ridículo tras una campaña de marketing tan abrumadora, ¿quien no ubica en el mapa la nueva y frenética odisea de Josh Safdie? Quizá nos sorprenda al salir de nuestra “gafa esfera”. No me mal entendáis, la labor de Aidan Zamiri es fantástica. Esta como su campaña con Brat de Charli XCX o más colaboraciones con artistas pop del momento, han dejado su huella en lo que a futuro entenderemos como la estética y estilo de los dos mil veintes.
Ahora bien, Marty Supreme es una película que en Estados Unidos se estrenaba en navidades y aquí como en el resto de Europa, nos ha llegado a finales del primer mes de 2026. Después de la resaca navideña, de la cuesta de enero, en plena temporada de premios. Antes de pisar las salas, se nos dijo en qué categorías competía. Señalo esto porque la publicidad de esta película en su país de origen, tenía otras inquietudes. Dentro del ecosistema de películas de 2025, este era su propio tornado. Un rapado al 0, una chaqueta que es la envidia de todo modernito, un ZEPPELIN y un ejército de pelotas de ping pong, estaban dispuestos a llamar la atención, a soñar a lo grande.

Una de las tradiciones en el mundo de la cinefilia son los Actors on Actors/Directors on Directors de Variety. Una oportunidad de ver las caras más ilustre de la industria reflexionando sobre sus películas y las de los demás. Gwyneth Paltrow y Josh Safdie, estuvieron en sus respectivas sillas, pero nuestra estrella no. Lo suyo habría sido verlo junto a su modelo a seguir DiCaprio o ponerlo con Elordi, por ser otro actor joven que está empezando a despuntar, pero no. Timothee Chalamet tuvo su propio evento. En otra revista como es Vanity Fair y junto a Adam Sadler. Este último es cierto que también ha estrenado dos películas en 2025, pero si lo ha hecho, no es por Happy Gilmore 2 o Jay Kelly, es porque al igual que él, ya ha estado en la neurosis Safdie.
Estamos en un momento cultural muy interesante, a la vez que vertiginoso. Ahora las películas tienen que ser grandes eventos. El Barbeinheimer fue un éxito y Hollywood lo está intentando imitar, sin entender porque aquello fue tan mágico. La gente quiere ir al cine, pero cuando la oferta es tan abrumadora, sumado a la burbuja del streaming y los periodos de 2 semanas como mucho 3 en taquilla, quizás no vale solo con trailers chulos, o grandes actores, necesitamos más. Ahí tenemos el ejemplo de Superman. Fue su verano, porque hubo un curro detrás de que todo el mundo hablase de ella, todo el mundo debía ir a verla.
En su día me molestó la fecha de Marty Supreme. Entendía porqué Diamond Films tomó esa decisión en España y más viendo que Safdie la había terminado de montar la misma tarde del primer preestreno. A poco que sepas, la distribución es un mundo muy complicado, pero no quitaba que aún con eso tenía ese resquemor. En parte porque había sido presa del hype (Como para no) y por otra parte, me aterraba un cómo podría afectar al bajar la marea. Obsesionarse con la taquilla es ridículo, ya que ni somos accionistas, ni nos repercute en nada, solo que es difícil no estar pendiente con lo complicado que parece ahora sacar una producción de presupuesto medio o ya ni hablemos de una pequeña.
Con todo esto dicho, saco una conclusión del fenómeno Marty Supreme: creo que la pelota va a caer en el tejado a favor de la distribución Europea. Las nominaciones son un impulso. Está en el ojo de la tormenta y más que extender en el tiempo el trabajo de los de A24, nos encontramos que tras ganar su primer set y superar el descanso, le toca jugar el resto del partido.
Igual debería esperar y dejarla reposar algo más. No han pasado ni 24 horas desde que la vi, pero quizá es traicionar el frenetismo que permea todo el film no escribir ahora. Porque es cierto, que quiero escribir ahora, NECESITO HABLAR DE MARTY SUPREME.

¿Es esta mi película favorita de 2025? Sí, lo cierto es que sí, indudablemente. Desde sus primeros minutos con esa actitud soberbia y predisponiendo a la audiencia a lo que se venía con los títulos de créditos más imaginativos que he visto en mucho tiempo, notaba esa euforia que uno siente cuando llega la indicada.
Marty Supreme es esa película que da ganas de simplemente parar o rebobinar para fijarte en cada detalle de una escena. Estudiarla a fondo, empaparte de cómo han conseguido hacer una Nueva York de los años 50 tan realista, como natural. Se dice mucho lo de que “la ciudad está viva y se siente como un personaje”, pero aquí no creo que sea tanto eso, si no la vida que tienen los secundarios y extras en esas mismas localizaciones. No es solo la textura, tanto por estar grabada en su gran mayoría en film o tener un trabajo de producción soberbio, si no porque partimos de un mundo que existe primero y es habitado por Marty después. Las decoraciones en las habitaciones, la gente por en medio, donde se deja o no una bebida, el desorden o sobre todo, lo real de la iluminación. Comentaba Darius Khondji (Director de Fotografía) lo importante que había sido el trabajo de esta última para cerrar con broche de oro la atmósfera. Ahora vivimos en un mundo excesivamente iluminado, no siempre fue así y aquí se traduce de forma fantástica como parece que cada bombilla de cada lugar no tenga los suficientes vatios.
Esto ayuda muchísimo a la construcción de cada escena, por cómo los primeros planos nos asfixian en las reacciones de los personajes. Estamos ahí en el constante coqueteo con Kay o las discusiones y artimañas con Rachel. En pocas ocasiones como espectadores estamos a una distancia prudente de lo próximo que va hacer Marty Mauser. Solo en los partidos de ping pong somos capaces de separar a liante, de deportista. Aunque no por mucho. Porque su soberbia y confianza se traduce a su manera de jugar. Tan agresiva, con la necesidad de que cada golpe sea icónico. Este neoyorquino se refiere así mismo como un deportista de élite y un artista del mismo calibre.
El mito de Ícaro ha sido aceptado por todos como lo que ocurre cuando la ambición toca techo. La lección que saca nuestro protagonista, es que Ícaro voló, así que solo hay que hacer unas alas mejores. Una cosa que resulta muy refrescante sobre Marty como protagonista, es su corta edad. Tiene 23 años, algo que me pilló de sopetón porque está en la media de mi generación. Estamos acostumbrados a faranduleros expertos en lo suyo como mismamente Adam Sadler en Diamantes en Bruto o el Loki moderno que encontramos en Saul Goodman. Su espíritu es una llama que es incapaz de apagarse por más que siempre resuene el clásico “Estos son tus mejores años, todavía te queda toda la vida por delante.”
Un retrato de la masculinidad fascinante porque hace ya bastante que ha superado la adolescencia, por lo que no puede ser tratado como un niñato, pero no está en ese momento en que lo vayan a tomar como un adulto. Es un crío. En constante desafío a las figuras de autoridad mayores a él. Sin entrar del todo en spoilers, pero desde el principio nos dicen que Marty no fue criado por su padre y vaya si se nota. Hay una necesidad en su lenguaje de no ser respetado, si no de ser visto, de ser validado. Porque este chaval no es nadie y que viva dios que va a luchar por serlo. Los únicos hombres que parece ver como “iguales” son su amigo Wally y su rival Endo. Las comillas están por algo, porque su relación con el primero parece más una necesidad de arrastrar a otra persona a su sordidez. Con el japonés, la barrera del lenguaje junto a la actitud opuesta o el respaldo que tiene, los hace ver como el día y la noche.
Lo que le pone también en una posición muy interesante de cara a las mujeres de su entorno. Escuetas, porque por supuesto hablamos de una relación compleja con su mamita querida y 2 intereses amorosos opuestos. La conformidad de la rutina y el deseo prohibido. Bastante sorprendente el cómo evita el complejo Virgen-Prostituta. Otro ejemplo claro de lo distinta que es a sus semejantes. Te pasas toda la película pensando si ve algo en ellas o solo busca el reflejo de sí mismo en los ojos de ambas.
¿Oye y el Ping Pong? Uno de mis aspectos favoritos de lo que ha sido esta película es que nunca te llegan a enseñar el “origen” del amor de Marty por este deporte. Incluso se ríen de ello en cierto momento. Se le da muy bien y punto. Es a la vez su mayor motivación y lo que a ratos parece importar menos dentro del metraje, algo que habrá gente que le moleste esperando quizás algo más cercano a Rivales de Guadagnino, pero es que va con el propio personaje. Es otro reto a superar dentro sus metas autoimpuestas. Chalamet estuvo años practicando para poder dominar el ping pong y es algo de lo que tenemos bastante, pero no como te esperarías. Ese es el espíritu de Marty Mauser.
Querría concluir, con una cosita que me lleva rondando la cabeza desde anoche antes de irme a dormir: siento a Marty Supreme y Anora películas hermanas.
Me parecen tanto un precedente para quienes son sus directores, como sus actores principales. Llevamos ya muchos años de esta década como para no empezar a saber que textura, que sabor tiene el arte de los 20s y creo que estas dos lo ejemplifican muy bien. Seguimos volviendo al sueño americano, seguimos hablando de las supuestas oportunidades de los inmigrantes, pero en nuestra era postmodernista, no hay ninguna idealización, es la cruda realidad. Cintas que abandonan el cinismo para ser lo más sinceras posibles y que acaban removiéndote las entrañas, por eso terminan como terminan. No puede ser de otra manera.







