Este artículo contiene spoilers de la temporada 4 de Invencible
Hoy en día tenemos una cantidad muy superior a la de cualquier otra época de la televisión de series con una cinematografía pobre y con historias contadas para quienes las experimentan mientras están con el móvil, adelantando u omitiendo escenas o directamente mediante clips en redes sociales. Invencible no corresponde a estas características, pero es una de las series con mayor presencia en redes sociales de la historia.
Algo tan aparentemente inocuo como el establecimiento de las plataformas de streaming como lugar en el que disfrutar de cualquier serie de televisión se ha tornado en una hoja de doble filo durante los últimos años. Puede que sea por la pandemia, porque los líderes de estas empresas creadoras de “contenido” para dichas plataformas no saben lo que hacen o porque hay mucha gente que no aprecia las obras artísticas como se merecen.

Como consecuencia, la adaptación del clásico del cómic independiente de Robert Kirkman, Cory Walker y Ryan Ottley es víctima de la obsesión constante por las comparaciones y opiniones extremas que caracteriza a la era del streaming. La animación no es cumplidora con momentos flojos, es catastróficamente mala; un capítulo no puede estar bien, es horrendo o es espectacular; y, por supuesto, aquí todos son críticos expertos y todos tienen la razón.
Un final inesperado
Siguiendo esta misma línea, el capítulo final de la cuarta temporada se ha llevado muchas críticas de parte de la audiencia general. Esto se debe, principalmente, a que lo que el espectador promedio actual busca son estímulos constantes y escenas a las que poder reaccionar como tu youtuber de confianza a una Bizarrap Session en 2020. Y, sí, Invencible está llena de momentos impactantes que tengo grabados a fuego, pero todos ellos se sostienen sobre un enfoque en el guion y en los personajes, cuyo desarrollo desemboca en esas escenas inolvidables.
Ese enfoque es único y diferente respecto a prácticamente cualquier otra historia de superhéroes, al no centrarse en la sátira como hace The Boys ni tener una historia infinita y enfocada a un público amplio como cualquier personaje de Marvel o DC. El problema es que muchas personas no son capaces de entender que Invencible está aquí para hacer las cosas de manera diferente.
Con su gore y violencia desmedida, sus grandes peleas y los momentos en los que Mark Grayson es un reflejo de Clark Kent y de Peter Parker, la gente se olvida de que esto no es tan predecible ni grandilocuente como tu historia de cómic mainstream estándar.

Robert Kirkman nos quiere contar una historia personal para Mark, con un principio y final muy marcados, y, por tanto, siempre va a priorizar lo que sea mejor para la trama. Tras una guerra contra los viltrumitas en la que la Coalición destruye el planeta natal de la raza guerrera, Thragg y sus súbditos abandonan la escena, desaparecen y, presuntamente, se van directos a la Tierra.
Para casi cualquier espectador, para una historia de superhéroes al uso y para atraer a mucha audiencia, una sangrienta y gigantesca batalla por la Tierra que ponga fin al reinado de los viltrumitas en la galaxia de una vez por todas, con una victoria de nuestros héroes contra todo pronóstico, sería lo mejor. Pero eso no es lo mejor para el desarrollo de nuestro protagonista. En su lugar, el único golpe que recibe Mark Grayson al regresar a la Tierra es el de la realidad. La vida ha continuado mientras él no estaba, y la guerra no le ha seguido a casa.
No obstante, Eve ha abortado, Debbie ha roto con Paul y dos miembros de los Guardianes del Globo siguen desaparecidos. Por si esto fuera poco, Mark tiene un PTSD fortísimo por culpa de Thragg, y teme que la invasión del emperador sea inminente, lo cual vemos mediante visiones constantes en las que su familia, amigos y personas inocentes son masacradas sin piedad. Es en este contexto en el que llega el encuentro entre héroe y villano al final del capítulo, y debo decir que me parece lo mejor que ha hecho Invencible en sus cuatro temporadas.
Finalmente, Mark accede a que los viltrumitas vivan en la Tierra con el objetivo de reproducirse y de recuperarse como especie, porque no le queda otra. En lugar de una batalla final contra este imperio, acaba accediendo a darle cobijo a sus últimos supervivientes, porque ahora mismo no puede ganarles de ninguna manera.
Cambiar las reglas

Este tipo de decisiones es lo que convierten a Invencible en una de mis historias favoritas de todos los tiempos: jamás te esperas por dónde van a ir los tiros (o los golpes, en este caso). Cuando esperábamos un jaque mate, Mark y Thragg tiran el tablero por la ventana y se ponen a jugar a las damas.
Obviamente, esto no da para tanta conversación en redes sociales ni para hacer 400 edits y, por ende, es una mala decisión y un mal capítulo para muchos espectadores. Donde yo veo un cambio radical en las reglas del juego y un movimiento arriesgado que sienta las bases para una segunda mitad de la historia todavía más creativa y diferente, estas personas ven un capítulo aburrido en el que “no pasa nada”. Aparentemente, para cierto sector de la audiencia es mejor una conclusión predecible pero inmediata que un planteamiento diferente pero a fuego lento.

Muchas personas han comparado la excelente animación de la tercera temporada de Jujutsu Kaisen con la de Invencible, pero yo creo que estas series tienen más en común de lo que aparentan. Ambas se han atrevido a construir un camino a recorrer por los personajes para meter un desvío completamente inesperado justo al final, ganándose las críticas de supuestos “fans”, que realmente estaban aquí para ver un shonen típico y una historia de superhéroes de toda la vida.
Siento decirlo, pero Jujutsu Kaisen no te debe otro arco como el de Shibuya ni una estructura tradicional. De la misma manera, Invencible no te debe una gran batalla con muchísimo gore para acabar la temporada ni tampoco un final a la etapa de los viltrumitas porque “es lo que tocaba”. Ninguna de las dos historias ha concluido (en formato televisivo, al menos), y ninguna de las dos nos ha debido, nos debe ni nos deberá nada jamás. En plena era del streaming y la inmediatez, disfrutemos de una serie que nos exige un mínimo de atención, de confianza y, por encima de todo, de paciencia.






