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El problema de Widow’s Bay es que nadie te ha dicho que existe

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Llevo tres días intentando escribir este artículo sin empezarlo en plan «es la mejor serie del año», que encima ya lo habréis leído en quince sitios distintos… Pero es que es verdad. Quedan pendientes cosas como Cape Fear, así que tampoco quiero gafarlo, pero a estas alturas del año me costaría muchísimo imaginar otra serie quitándole el puesto a La maldición de Widow’s Bay.

La culpa la tiene Katie Dippold: guionista de Parks and Recreation y la persona detrás de uno de los mejores tuits de la historia de Twitter.

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Una leyenda, si me preguntáis

Lo traigo aunque parezca que no viene a cuento porque ese tuit resume mejor el tono de Widow’s Bay que cualquier sinopsis que pueda escribir yo. En una entrevista para Deadline, Dippold contaba que el primer borrador de la serie nació como un episodio “spec” de Parks & Rec, y que tuvo que desmontarlo pieza a pieza para que dejara de sentirse como una parodia. La verdad es que para los que hemos visto ambas series se nota muchísimo, pero para bien.

Aunque igual sí debería explicar primero de qué va todo esto. Widow’s Bay transcurre en una pequeña isla donde las chunguísimas leyendas urbanas locales tienen la mala pata de ser verdad. Hay monstruos, desapariciones, criaturas del bosque y vecinos que llevan demasiado tiempo conviviendo con toda esta movida como para sorprenderse, mientras la serie va desenredando el gran misterio de la propia isla. Tiene algo de Animal Crossing, algo de Gravity Falls, pero con muchísima más mala leche.

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Me acabo de dar cuenta de que el reflejo es una calavera…

La primera decisión inteligente que toma Widow’s Bay es saber cuándo cortar. Son diez capítulos de media horita larga, sin relleno ni la sensación de que alguien ha convertido una peli de dos horas y media en una temporada de televisión. He visto a bastante gente quejarse justo de que se les hacen cortos, y lo entiendo, pero creo que es precisamente lo que necesita el ritmo de la serie. Aún así, luego nos regalan perlitas como videos de ambiente de 1 hora, así que creo que queda metraje para largo.

Porque es que Widow’s Bay encuentra un equilibrio dificilísimo: cada episodio tiene su monstruo de la semana, pero la trama de la isla sigue avanzando todo el rato, sin que parezca que está interrumpiendo nada. Parece fácil hasta que ves la cantidad de series que llevan años intentando hacerlo y acaban siendo un procedural sin alma.

Pero donde de verdad me ganó fue en otra cosa. Llevo bastante tiempo dándole vueltas a que el miedo y la risa se parecen muchísimo más de lo que pensamos: Las dos son reacciones físicas, las dos te descolocan y hacen que pierdas el control durante unos segundos, aunque sea por motivos completamente distintos. Widow’s Bay parece haber entendido esa relación mejor que la mayoría de series recientes, y no porque vaya alternando en plan susto, chiste, susto, chiste; sino porque las dos cosas pasan en pantalla a la vez. 

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Oltra Widow’s Bay es posible

Otra cosa que agradezco muchísimo es que la serie confía en que no eres idiota. El mundo se va construyendo poco a poco, las reglas aparecen cuando tienen que aparecer y nadie se sienta delante de una pizarra a explicarte durante veinte minutos cómo funciona la isla. Y a la vez, no se va al otro extremo de la serie-caja-de-misterios que no tiene intención de resolver nada. Y mientras hace todo eso, empieza a hablar del trauma generacional, del aislamiento y de las historias que una comunidad se cuenta a sí misma para sobrevivir. Da gusto encontrar una serie que confía en que puedes seguir una trama sin necesitar un árbol genealógico y un vídeo de YouTube de cuarenta minutos para entender de qué va la cosa.

Esa misma confianza en el espectador es la que le permite a la serie jugar con sus propias normas, y esto es algo que también llevo tiempo pensando: Hay una obsesión rarísima últimamente con justificar absolutamente todo. Que si por qué funciona esto, que si cuál es la explicación científica de aquello… Como si la ficción tuviese que pasar una auditoría de la NASA antes de permitirte disfrutarla. Widow’s Bay mola porque pasa de todo eso: La isla funciona porque tiene sus propias reglas y porque confía en que tú las vas a aceptar. A todo esto, ayuda muchísimo una dirección artística que parece haberse quedado atrapada en otra época, como el propio pueblo. Todo tiene un aire de cápsula del tiempo hasta que alguien saca un móvil y recuerdas que siguen viviendo en 2026, o por ahí.

Y esa atmósfera bebe, obviamente, de Stephen King. No voy a jugar al bingo de las referencias, pero hubo dos momentos que me hicieron sonreír como una chiquilla. El primero es un travelling atravesando el bosque que parece sacado directamente de Posesión Infernal (Evil Dead, 1981), que es un guiño tan específico que me cuesta creer que no sea adrede. El segundo me hizo literalmente pausar el capítulo: hay un personaje asomando medio rostro desde abajo exactamente igual que Bob en Twin Peaks. No sé si fue intencionado o solo llevo demasiados años obsesionada con la serie, pero mi cerebro hizo la conexión en menos de un segundo y estoy segura que el vuestro también.

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¡Es el tiburón de Tiburón! O casi.

Y toda esa mezcla de referentes necesita un reparto que la sostenga sin caer en la parodia, así que ojo con el cast. Lo primero, Matthew Rhys como Tom, el alcalde del pueblo. No he visto The Americans (ya la tengo apuntada), pero después de su papel en Widow’s Bay entiendo perfectamente por qué todo el mundo habla de él. Hace una cosa que parece facilísima, hasta que ves que casi nadie sabe hacerla: consigue ser divertidísimo sin romper la tensión. Tiene un tempo para la comedia física que es una barbaridad y, al mismo tiempo, basta con cambiar medio gesto para recordarte que algo va muy, muy mal.

Y luego está Kate O’Flynn que interpreta a Patricia, la ayudante del alcalde, que es de esos personajes que parecen estar ahí de fondo hasta que, de repente, te das cuenta de que es el corazón de toda la serie. Hay actores que interpretan muy bien, pero Kate parece que lleve veinte años viviendo allí y simplemente le han puesto una cámara delante.

El resto del reparto secundario tampoco se queda corto. Kevin Carroll, a quien ya vimos en un papel tremendo en The Leftovers, aquí interpreta al sheriff con una mezcla de autoridad y no-puc-mes-ismo que casi te hace empatizar con él pese a que, bueno, es un policía. Stephen Root como Wyck (a quien no os podéis perder en Barry), encaja súper bien en el papel de guía de todo lo sobrenatural del pueblo, aunque nunca sepas por dónde te va a salir. También quiero destacar a Jeff Hiller en el papel de Dale, y Dale Dickey como Rosemary, que es son unas estrellas de la comedia y se roban la escena cada vez que salen.

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Patricia, eres perfecta xoxo

Dicho todo esto: ¿Apple quiere que veamos sus series? Llevan ya unos años produciendo algunas de las mejores cosas que hay ahora mismo en streaming y parece que se empeñan en que nadie se entere. Si Widow’s Bay hubiera salido en cualquier otra plataforma, llevaríamos semanas sin hablar de otra cosa.

Por suerte, ya está renovada para una segunda temporada, porque me ha dejado con un millón de preguntas que necesito responder. Asumo que así es como se sentía el fandom de Perdidos con los misterios de su isla (no la he visto, lo confieso, pero entiendo perfectamente la sensación por primera vez).

Ojalá este artículo envejezca fatal y pronto todo el mundo y no solo los ingleses esté hablando de Widow’s Bay, porque eso significaría dos cosas: que Apple, por fin, ha aprendido a vender sus series, y que vosotros me habéis hecho caso. No sé cual es más improbable.

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