Candelabro hizo sold out la misma semana de su paso por Valencia. Una banda chilena que con una fama favorable ha conseguido de la noche a la mañana ser un fenómeno de masas en otro país. Esto habla muy bien de ambas partes, tanto de ellos como artistas emergentes dispuestos a comerse el mundo, como de nosotros como público. Dispuestos a escuchar y expandir nuestra playlist musical en ese eterno e imposible deseo de poder escucharlo todo.
Deseo, Carne y Voluntad llegó a mí con el boca a boca que propician las redes sociales. Hasta entonces no había escuchado nada de Candelabro, pero cuando este álbum se liberó al público a principios de octubre de 2025, entró con fuerza en la cuna del moderneo. Un segundo álbum del que todo el mundo subía fotos, hacía memes y en general ponía a esta banda como la nueva cara musical de Chile.
Recuerdo el momento en que escuché a Candelabro por primera vez, era una mañana muy ajetreada. Tenía que ir a una revisión médica y al acabar, volver a la oficina porque me tocaba trabajar hasta las cuatro de la tarde. En esos lapsos caminando por mi barrio y cogiendo el bus hasta mi parada es cuando le di al play por primera vez.

“La Bandera de Chile escapa a la calle y jura volver hasta la muerte de su muerte” Con esto finaliza la canción con la que abre este segundo disco: Las Copas. Este álbum duele, a ratos es divertido, pero en todo momento está liderado por la rabia. La religión y la política dominan nuestro día a día, son los culpables a los que señalar cuando todo está mal, además de a los que tenemos que agradecer cuando las cosas parece que van a ir mejor. No podemos escapar de ello, podemos intentarlo, pero nuestro mundo sigue ligado a este bucle. Las religiones abrahámicas dominan cada noticia y suceso del planeta. Es una constante lucha sobre qué libro y manera de oprimir a la gente es superior.
Todo país tiene su extraña y difícil relación con la religión. España es un supuesto país laico que no es más que otro de los múltiples parches de la transición para intentar convertirnos en un país moderno y europeo como nuestros semejantes de la ONU. Si comparamos ya con cualquier país de latinoamérica, es otro cantar, en cierta medida parecido a nuestra situación, pero diría que al menos ellos van de cara con su situación. No utilizan el término laico para intentar fingir algo que no es real. Los integrantes de Candelabro como representación de Chile, aceptan el elefante en la habitación. Su fe, sus creencias, sus sentimientos sobre cómo afrontar el día a día parten de una imposición social. Sobre cómo nuestra vida se verá recompensada al final de los días gracias al ser celestial que supuestamente nos ha creado, que todo es una prueba, que debemos arrepentirnos por nuestros pecados y que nuestro destino es un paraíso que tenemos que ganar.

¿Pero cuánto más debe sufrir el pueblo chileno? ¿Cuánto más debe continuar pagando los platos rotos de una economía que no mejora? ¿De una situación que les castiga por su mera existencia? Candelabro pone voz e instrumentos a sus semejantes. La mezcla de viento, cuerda y percusión no es solo porque Black Country New Roads estén de moda y marquen como suena el rock alternativo. Es porque esa variedad, esa armonía es Chile. Es pasado, presente y futuro dándose la mano. En Pecado cuando pasamos de una balada a un agresivo lamento sobre dónde se encuentra Dios es el choque constante de lo que supone crecer en un país como este. En un mundo que no te da ni soluciones, ni respuestas “El país en el que crecimos ya se fue, ya se fue”.
Solo había que ver el ambiente en el Loco Club cuando entró la formación completa de Candelabro. Muy interesante el hecho de que Sonido Muchacho no les buscase teloneros. Este es su momento, el llegar hasta aquí es algo que celebrar y ya son más que suficientes como para poner una sala patas arribas un miércoles. Fueron acogidos con un estruendoso aplauso y abrazo por nuestra parte. Porque estamos orgullosos de lo que están consiguiendo. Después de tantos photoshoots o vídeos, por fin les vemos en carne y hueso, son reales, no solo eso, son unos chavales, igual que nosotros.
(Esto tiene su gracia porque antes de entrar al concierto estaba tomándome algo con unos colegas y los teníamos en la mesa de al lado echando un tarot antes de tocar.)

“Habrá que levantarse a construir” es una de las frases icónicas de este álbum. Pertenece a “Fracaso” una de mis canciones favoritas del mismo y que la siento como un himno de nuestra generación. Supuestamente vivimos en un mundo que ha fracasado. Porque no tenemos ningún futuro asegurado, por no tener, no tenemos ni hogar que llamar propio. Nada nos pertenece, todo se nos cobra, la identidad de nuestros países es o bien erradicada o apropiada por fascistas. Estamos perdiendo nuestra identidad, nuestro ser, nuestro todo por nada. “Habrá que levantarse a trabajar por algo mejor”. Ahí estamos nosotros inconformes por la situación, en la que aceptando este mundo que nos ha fallado, estamos luchando porque no acabe de peor forma.
Candelabro son corderos descarriados que ya no pueden guiarse en base a los pastores establecidos. Con una corona de espinas que les hace sangrar y que sería mucho más fácil no llevarla. Ignorarlo todo y dejarse llevar por la pena. No obstante el pueblo chileno es uno enfadado, uno que se desgarrará de pura rabia por tal de no perder sus ideales. Esa convicción tan marcada que tiene su obra, es lo que nos hace empatizar de sobremanera como pasó en la noche del miércoles. Incluso cuando en su segunda mitad, el sonido de Candelabro se les fue un poco de las manos y sonaba por encima de lo que debería, nos tuvieron recogidos en su seno.

Destacar también lo que fue el espectáculo de luces. El Loco Club es una sala que nunca defrauda con sus focos y la gama de colores que se gasta, pero esa noche fue distinta. Lógico porque había que sincronizar a 7 personas en el escenario, que no es tarea fácil y menos con instrumentos tan distintos. Quizá por eso en esta gira se han traído consigo a Chalo González para que no les pierda de vista a ninguno.
Lo pude vivir desde 3 ángulos distintos de cara a poder darle uso a mi cámara y fue fantástico ver cómo estaba elegido cada tono de color para cada una de las canciones. Diría que no le solemos dar el reconocimiento que merecen a los técnicos de sala, pero no es cierto, ya que cada noche que toca un grupo siempre agradecen su labor. Siempre señalan para que el público sepa quién está detrás de la magia y nosotres como espectadores deberíamos agradecerles, tenerlos más en cuenta.
Quizá uno de mis momentos favoritos de la noche fue cuando Matías Ávila guitarrista y vocalista de la banda nos contó que entre nosotros se encontraba el profesor que le hizo seguir adelante con esto de la música. Un tierno momento, una honestidad que hace falta estos días y que de si algo es muestra, es que somos un museo de toda persona que hemos amado. Que dentro de toda esta vorágine de ira, Candelabro no olvida lo importante que es amar, porque la revolución no puede dejar de lado los sentimientos.
Espero que quien no les haya escuchado todavía vaya a hacerlo inmediatamente. Deseo que la gente que los vea en directo, tenga una noche como la que tuvimos en Valencia. Es cierto que el público del resto del país no es tan entregado como nosotres, pero aunque sea puedan experimentar este bello recital, que les sirva de ofrenda.






