*Esta review de Coyote vs Acme no está patrocinada o financiada por la empresa ACME*
Cuando hablamos de mitología moderna, la gente normalmente señala a los superhéroes como los sucesores de las leyendas de los dioses que una vez dieron forma a nuestras historias. Esto puede entrar en debate, pero es algo de lo que se lleva hablando en los últimos años: estando ya la reinvención del superhombre más que asentada y con una saturación en cuanto a adaptaciones de estos personajes, es difícil no ver su componente mitológico.
Quien dicta nuestras creencias es la superpotencia que más ruido hace y, por tanto, moldea nuestra cultura. Si con anterioridad fue el Imperio romano o la Iglesia católica, ahora es Estados Unidos quien nos invade con superhéroes y China quien nos rodea con las ramas del Rey Mono… pero hay algo igual o más estadounidense que los personajes de Marvel y DC. Algo que ha moldeado nuestra cultura estos últimos 100 años, pero que ha ido por corrientes totalmente distintas partiendo de sus respectivas compañías: los dibus.

Mickey Mouse y Bugs Bunny. El Messi y el Cristiano de la animación. Uno ha pasado de ser un personaje a una marca de tres círculos que todo el mundo es capaz de identificar y de la que poco queda ya de ese ratón con personalidad. El caso de Bugs es más complicado, porque aunque no haya perdido un ápice de su personalidad, Warner Bros. lo ha dejado tanto tiempo a él y a sus semejantes en el banquillo que parece que ya no hay hueco para los Looney Tunes en el mundo en el que vivimos.
Coyote vs. Acme viene a demostrar, contra viento, marea e intento de borrado, que esto es simplemente mentira. Si de algo son capaces los Looney Tunes es de continuar reinventándose década tras década, por más que los trajeados no sepan qué hacer con ellos. Si de algo es muestra que esta película por fin se haya podido estrenar, es de que la gente continúa queriendo tener la oportunidad no solo de ver los clásicos de Chuck Jones, sino de tener algo nuevo. No es posible que unos personajes tan camaleónicos vivan de las rentas del pasado o de hacer secuelas nostálgicas de algo como Space Jam.
El mayor atractivo de esta película es que solo podría nacer de las mentes de quienes crecieron con estos personajes: «Si ACME fabrica productos tan malos, ¿por qué el Coyote no decide demandarlos? Quizás así pueda atrapar al Correcaminos». Esto es meta, esto es posmodernismo en su estado más básico. Porque en vez de ser un anuncio largo sobre Michael Jordan o un batiburrillo de referencias a la cultura pop como Back in Action, tenemos por fin a la digna sucesora de «¿Quién engañó a Roger Rabbit?«

Si Robert Zemeckis en aquella cogía prestada la trama y estructura de Chinatown para contar su historia de conejos dementes, pelirrojas buenorras y fobia animada, en Coyote vs. Acme tenemos un capítulo largo de Better Call Saul para profundizar en la psique de Wile E. Coyote y por qué hace lo que hace.
Cuando hablé de The Drama señalé que se sentía como una película de adultos para adultos; bien, esta se complementa en cierta medida con lo que decía hace unos meses, porque no es una película para niños grandes y niños: es una película para les niñes. Si eres una enciclopedia de los personajes te lo vas a pasar increíble, pero no eres su prioridad. Quiere ser ante todo una aproximación para la actual generación a quiénes son estos personajes. Es muy interesante lo que consigue hacer porque les trata como leyendas, pero de manera muy orgánica. Bugs y Lucas son ellos, no sus marcas registradas, pero también son personajes dentro de la película. Supongo que es lo que pasa cuando construyes tu guion como un guion, no como un pase de cameos.
También, para mi gusto, lo que mejor hace Coyote vs. Acme es continuar el legado de lo que hicieron tan bien Chuck Jones y su equipo en la edad dorada de los Looney Tunes. Volviendo a lo que decía al principio del texto, esta es una gran manera de reinterpretar los cuentos con moraleja e inculcarlos en una nueva generación. Convertir al Coyote en Sísifo y al Correcaminos en su piedra particular es increíble. Incentivar la curiosidad de quien no conozca este relato y que eso le abra la puerta no solo a la fábula original, sino a que de cara al futuro acabe leyendo a Albert Camus con su nueva interpretación. Porque si en algo se inspira la película de Dave Green es en cómo el filósofo nos pedía en su ensayo que imagináramos a Sísifo feliz.

Otro aspecto interesante, y que este sí es más una lectura para los adultos disfuncionales como yo, es cómo sobrevuela la idea de qué hay entre el Coyote y el Correcaminos. Esto es algo de hecho muy Warner: no por nada es la empresa que nos trae cada x tiempo una reinterpretación de los clásicos archienemigos como Batman y el Joker o Superman y Lex Luthor. La lectura queer es algo de lo que ya se ha escrito muchísimo y se seguirá haciendo, porque es algo que nos interesa, es algo inherente al subtexto. Si antes ya se hablaba de sobra de ello, en un mundo después de Zootopia, Beastars o el Omegaverse, ya no se miran de la misma manera los roles de presa y depredador.
Esto siempre desde un margen de comedia, pero es bonito el amor que se puede encontrar dentro de una relación tan ridícula como tóxica. Una persecución constante que no puede tener fin, ya que ninguno de los dos está preparado para cuál puede ser el siguiente paso, pero que necesitan ese vínculo en el que se han visto envueltos; quizás esa es la única manera de encontrar a alguien que te comprenda: queriendo matarse el uno al otro.
Quizá el elemento más negativo de la película y que en cierta medida juega a su favor con el rollo meta de luchar contra una gran corpo, pero que a ratos le juega una mala pasada es lo barata que se siente. Diseños 2D que no deberían estar en 3D o, a ratos, una iluminación ridículamente plana que distrae un poco de lo que son algunos planos. El mal del cine moderno, no puedo fingir sorpresa.
Mi conclusión es que he visto Coyote vs. Acme la misma semana que Paramount anuncia la adquisición de Warner Bros. Noticia nefasta para la industria del entretenimiento y otra manera de continuar construyendo oligopolios, que son otra excusa para no decir monopolios. Si dependiera de alguna de estas empresas, esta película no existiría, porque no es un producto de calidad. Esta película existe gracias a todos aquellos que protestamos en redes porque merecía un trato justo como cualquier otra. Si algo podemos sacar de la travesía legal del Coyote es que hay que intentarlo, aunque fallemos, aunque seamos mediocres. No nos puede ganar una marca cuando dependen tanto de nosotros.







