Iba con unas expectativas algo reservadas para esta nueva temporada de Daredevil. No creo que Born Again fuese una serie desastrosa, pero en forma y estructura eran palpables todos los problemas detrás de bambalinas. Tampoco ayudaba que ese episodio final no se sintiera como tal, era un midseason convertido en despedida. Lo que tiene que pocas series puedan llegar a más de 10 episodios.
Los trailers con Lithonia de Childish Gambino, el nuevo traje y la premisa general parecían indicar que ahora sí, que después de un previa tormentosa, había vuelto Daredevil por todo lo alto, que podíamos confiar que la serie volvería a tener un sello de calidad por encima de la media, ¿Tras 7 semanas de serie se han cumplido estas promesas? Veamos.

Al cambiar de equipo creativo para reestructurar la serie, trajeron a un productor y guionista de la era Marvel-Netflix. Tenían que calmar las aguas y llamaron a Dario Scardapane. Una decisión que a día de hoy sigue siendo curiosa, porque Scardapane no trabajó en ningún momento en ninguna de las tres temporadas de Daredevil. Este hombre viene de The Punisher. Este diría que es el motivo más claro por el que esta serie tiene esa sensación tan extraña de continuación y que a la vez no sabe por dónde tirar para innovar. Aunque quizás lo que más afecta al proyecto es su duración.
Born Again quiere ser una serie de Netflix de trece episodios, pero sacándolos semanalmente y reduciendo la duración a ocho. Esas series en su día se estructuraban en partes hasta que llegase un capítulo que funcionase por cuenta propia. Sí, muchas veces era una cantidad algo desorbitada, pero estaba hecha para que la vieses por segmentos y a lo largo de un par de días. Los problemas que pudieran tener en estructura o ritmo narrativo no se percibían de forma tan obvia como ha ocurrido aquí. Porque las series modernas tienen que ir al grano, no pueden permitir respirar a la trama o perderse entre bambalinas con los personajes. Con todo esto dicho, en los 3 primeros episodios parecía que nos iba a dar otra serie a medio gas, con buenos actores, caracterizaciones interesantes pero que no iba a ir a ningún lugar… hasta que llegó, a la semana siguiente, “Gloves Off”.

Bullseye es lo mejor que le ha podido pasar a esta serie. Si contamos a Loki y Kingpin, tenemos dos claros villanos recurrentes en el MCU, pero no es lo mismo. Poindexter cambia las reglas del juego, porque no es el gran malo a derrotar, si no una tercera pieza. La narrativa también depende de él, pero es en sus pequeños momentos que la serie da cancha a la gran narrativa general. Permite sacarnos de la obsesión que tiene Born Again con el pulso entre Daredevil y Kingpin.
Viendo el fantástico clímax de esta temporada me di cuenta de una cosa: esta nueva versión es la convergencia entre lo que son las series de superhéroes de prestigio y el procedimental sello de The CW. Cualquiera que haya visto aunque sea una temporada de Flash, Arrow o Smallville habrá pensado lo mismo que yo. Esto no es algo malo per se, pero si muestra que no podemos continuar pidiendo que esta quinta temporada de Daredevil sea como las que capitaneó en su día Drew Goddard.
La industria del cómic funciona a base de etapas. Llega un guionista, con un dibujante o una serie de ellos, cuenta su narrativa dure el tiempo que dure y se marcha pasándole el testigo al siguiente equipo creativo que hará lo mismo. Este modelo funciona, pero tiene sus carencias y con la obsesión del cómic de superhéroes de durar para siempre, hace que algunas etapas se parezcan en exceso, traicionen lo que una a propuesto, revivan personajes… Con esta serie el MCU se ha propuesto trasladar otro de los aspectos del modelo editorial a la pequeña pantalla, y en verano a la grande con la cuarta entrega de Spider-Man.
Por eso somos tan críticos con ella, por eso parece que le exigimos más de la cuenta. Si hubiera sido un reinicio al completo con nuevos actores, no dudo que pediríamos cierto nivel, pero se le permitiría más cancha porque es una obra nueva. Al comprometerse con Charlie Cox y Vincent D’Onofrio, pasa lo que pasa.

He de decir que por fin han justificado el porqué de llamar a la serie Born Again. Aunque comprendía que venía por un motivo metanarrativo, no me gustaba la idea de base. La obra de Frank Miller y David Mazzucchelli ya no solo fue adaptada, sino que por su importancia, no es un título que se pueda usar a la ligera. Si la tercera temporada fue el renacimiento de Daredevil, esta temporada es el de Kingpin.
Al convertir al demonio en un símbolo, se presta a que el personaje que más desarrollo tenga sea Wilson Fisk, además del reparto de secundarios (qué falta les hacía). La serie se encuentra poco a poco en un callejón sin salida, porque aunque es fantástico continuar con un villano como coprotagonista, son ya muchos años viéndole “hacer lo mismo”. Sí, es la cara de su galería de antagonistas, pero no es lo único a lo que se enfrenta Daredevil, y prácticamente trata de eso su arco de temporada. No puede existir un Kingpin eterno, esta guerra no va a durar por siempre, al final será la propia Nueva York quien decida expulsarle.
En el otro lado del ring tenemos lo que ha sido el viaje de Matt Murdock a lo largo de esta temporada. Uno extraño, en el que no hay un crecimiento gradual. Born Again rompe con los esquemas de cómo era hasta ahora el desarrollo de Daredevil. Es muy interesante cómo uno de los clímax de esta serie le hace renunciar a ambos estilos de vida, con tal de devolver el poder que había perdido el sistema judicial. Muestra de cómo queda muchísimo por adaptar sobre personajes así.

Quizá el mayor pecado de esta serie es que está abarrotada de demasiados personajes. Al descentralizar el protagonismo de Daredevil, hemos conseguido que algunos como Buck o Daniel tengan un desarrollo completo. Ahora sabemos algo más que sus nombres. Por otro lado Kirsten sigue dejando mucho que desear frente a su contrapartida o ya el arco de Heather aunque interesante en la teoría, es terrible en la ejecución. Born Again quiere hablar de Nueva York, mostrar la voz del pueblo. Cómo afecta el vigilantismo al ciudadano de a pie, si alguien es capaz de justificar las fuerzas especiales de Fisk… pero hay un problema: la ciudad de Born Again se siente algo vacía.
Desde la primera temporada tenemos una construcción pésima de héroes callejeros. No voy a pedir lo imposible, no van a traer a Spider-Man, pero hay muchos personajes que al igual que a Tigre Blanco podrían haber introducido (o no quitarse a Punisher de encima sin un motivo real). Scardapane no está interesado en adaptar El Reinado del Diablo como el gran evento de superhéroes presos contra Kingpin como es en los cómics. Quiere enfocarlo desde la discriminación y lo rápido que, estando en el poder, es fácil señalar a todo el mundo como terrorista. Lo que es fantástico, pero Born Again a veces se queda en un punto medio entre ambas cosas. Desea un mundo callejero complejo y variado, mientras el foco real es el ciudadano de a pie. Si en nueve capítulos no se podía, en ocho en esta temporada, menos.
Al menos mira, cuando llegamos al palacio de la justicia con el ciudadano promedio inspirado en las acciones de Daredevil resulta impresionante. Que después de tantos años por fin veamos al personaje con su característica doble D en el pecho y esto sea porque se ha convertido en un símbolo contra la opresión es fantástico.
Mis conclusiones con Born Again es que dentro de todo, ha conseguido justificar su existencia y crear expectativas reales para su tercera temporada. Por eso esta vez en la balanza, me puedo quedar con lo bueno. Ahí tenemos el episodio “The Grand Design”, que unifica el estilo de ambas series. No lo sentí como un intento barato de nostalgia, sino como una despedida y agradecimiento al público, porque por fin estamos en un nuevo camino para Daredevil.







