Los viernes son días perfectos para asistir a cualquier concierto. Huimos de la presión y los quehaceres del resto de la semana, para darle una bienvenida a los pocos días que nos concede el sistema precario para descansar. El ambiente general es algo muy importante para poder entrar a la atmósfera de las propuestas de estos artistas. Por más ganas que tengas, o tengan a tu alrededor, si no partimos de algo más que pasarlo bien, poco vamos hacer y así fue.
Conocía ambos grupos que llenaron el Loco Club el pasado día 23, pero mentiría si dijera que había profundizado en su música más allá de un par de canciones que habían llegado a mí, o había escuchado en stories de conocidos. Cuando les di una oportunidad real fue ese viernes. Esto me hizo pensar dos cosas y parte del motivo de escribir este texto.
Primero, antes yo vivía en los alrededores del Loco Club cuando tenía 12/13 años. Esa calle es la que recorría cuando volvía del centro. Un espacio que siempre se veía abarrotado en fechas como estas. Donde veía desconocidos formando cola, que me hacían preguntarme ¿Estaré allí en el futuro? ¿Haré lo mismo que ellos? Como ya espectador habitual del lugar, puedo dejar tranquilo a mi yo chavalín, efectivamente, es un sitio tan guay como siempre nos imaginábamos.
Segundo, ahora asociamos el concierto más a una celebración de los artistas que ya conocemos, que a una oportunidad para descubrir nuevos sonidos. Lo que es completamente lógico, cuando partimos de no tener dinero infinito, o que cuando toca un artista de renombre parece que vas a pagar por un artículo de exclusividad, más que una experiencia que debería ser habitual. Esto nos lleva a no descubrir música, o si lo hacemos, va acompañado de listas de reproducción y algoritmos que crean las aplicaciones que usamos como casettes. Que aspiramos que vengan a algún festival de los mil que hay, o de por suerte una fecha en el Roig Arena.
Pero es que ahí tenemos la escena de cada comunidad y en nuestro caso, el panorama musical Valenciano es perfecto como contracultura a la dictadura de Ticketmaster y de los grandes eventos. Porque un concierto, es un concierto, pero también puede ser mucho más y eso demostró con la dupla de Declive y Garbí.
Bandas en generaciones distintas, que como pasa constantemente hace que nos demos la mano los zeta (como yo) con los millenials. Porque si bien el sonido de estas bandas no es parecido, si que traen un sentimiento conjunto que las hace coordinarse tan bien. Este avance constante en un mundo que se siente gris, en que la melancolía nos corroe y que debemos producir con tal de sobrevivir.
Todo se siente difuso, todo duele… pero aún así luchamos, aún así seguimos. Letras y guitarras que nos hacen gritar, movernos de una esquina a otra de la sala mientras intentamos mantener el equilibrio. Echas un vistazo y puedes ver en los ojos de los demás, como la magia de la música jamás desaparecerá. La manera que tiene un riff de guitarra recorrerte todo el cuerpo, o desafinar con tu mejor amiga mientras intentas seguir una canción que no sabes, pero en espíritu eres capaz de reconocerla.
La perseverancia del ser humano reside en estas letras, reconocer el dolor y expresarnos sobre ello, pero no es lo único por lo que vivimos no puede serlo. Puede resultar obvio lo importante que son los sentimientos en la música, pero en un mundo como ahora donde catalogamos todo. por miedo a que lo irracional sea humano, demuestra por qué debemos asistir a conciertos como estos. Apoyar al artista local y descubrir un tipo de sonido que el capitalismo no presta a recomendarte, porque no interesa esta liberación a base del grito porque estamos hartos incluso de estar hartos.
Una de mis propuestas de este 2026 es ir a más conciertos, cosa que ya hago cada año, pero mi meta es estar aún más dentro de nuestro abanico. Esto permite un acercamiento mucho más humano a las bandas, porque poder escuchar música cuando queramos y como queramos es genial, pero eso a veces nos hace ir en piloto automático, o no dar las oportunidades justas porque estamos pendientes de cuando llega la siguiente canción o cuanto dura el EP.
¿Noches como la del veintitrés? Somos nosotros de frente a los artistas, dispuestos a experimentar. Hasta que no acabe o tenga que ir al baño, no les pierdo de vista, por más canciones que toquen no hay una reproducción automática. Dejar el móvil de lado, salvo para alguna foto, o vídeo. Hablamos de impresiones en bruto, lo que las hace mucho más honestas.






