Un fin de semana nos separa de lo que fue la final del Loco Summer el pasado 31 de julio. Mi compañero de redacción y mejor amigo Jorge ya nos dio una previa al evento, gracias a la cual puedo centrarme únicamente en relatar los acontecimientos de la que fue, al menos en mi opinión, la fecha más importante del verano para la escena musical valenciana. Un sold out de entradas dos días antes del evento vaticinaba una de las jornadas más ocupadas para el Loco Club, más incluso que todas las anteriores pertenecientes a este gran evento con 54 bandas participantes.
En la final, concretamente, participaban 11 bandas, de las cuales finalmente vimos tocar a 10, debido a un conflicto entre este y otro evento en la agenda de La Liebre. Por el bien de este texto voy a nombrar a las diez bandas aquí mismo, puesto que no voy a estar pasando lista ni dedicando párrafos enteros a cada una, teniendo en cuenta que en este caso me quiero centrar en el evento como conjunto. Así pues, fueron The Picnic, La Malicia, Bendito Siniestro, Sapiens, Los Salos, Malditas Gaviotas, Rust, Autoestop, Paula Margalef y Boletus quienes dieron sonido a la final de lo que ha sido prácticamente una guerra de bandas, compuesta de varias batallas a lo largo del mes.

Como concepto, el Loco Summer me parece brillante, y creo que MVP, Plaga Indie y La EX han juntado a buenísimos exponentes a nivel local para demostrar la enorme y variada oferta que tenemos actualmente de talento emergente. Además, el ritmo de cada fecha y los días escogidos para celebrarlas me parecen muy acertados. Por otro lado, todas y cada una de las bandas que han participado se han esforzado mucho por darnos su mejor versión, con muestras de talento envidiables.
Respecto a la propia final y a la retahíla de diez nombres que he soltado antes, no tengo ninguna queja sobre las actuaciones, aunque sí que veo pertinente comentar que el sonido a veces podría haber sido mejor, puesto que me costaba distinguir la voz de les cantantes o instrumentos concretos. Voy a suponer que esto se debe al hecho de que no es lo mismo personalizar el sonido para una o dos bandas que para diez con instrumentos y estilos diferentes, por lo que debe ser más homogéneo y, como consecuencia, crea esos momentos de «oye, subidme un poco porfa» cada dos por tres.
Desde el sonido más fuerte y desenfrenado de Rust o Sapiens hasta una intervención puramente instrumental de parte de Los Salos con una narración al principio y un espectáculo con nunchakus al final (la cual respeto y me interesa muchísimo a nivel artístico), el desempeño de las bandas fue increíble. Sin embargo, aún con todos los aspectos positivos que he comentado, al volverme para casa tras el evento no podía evitar tener ese sabor de boca agridulce al que hago alusión en el título.
Siento que una parte de la audiencia no viene a disfrutar de la música como tal, y solamente tiene la intención de apoyar a bandas que conoce o a sus amigos. Que no se me malinterprete: me parece maravilloso el apoyo a tus colegas que tienen un grupo o a artistas que te gustan, pero es igualmente reprochable que eso sea lo único que te interesa en una serie de eventos como el Loco Summer, pensada para que descubramos muchos nombres nuevos.
Ya comentaba Jorge en su texto algo al respecto, aclarando que no le estaba echando la bronca a nadie. Yo no tengo ningún problema en echaros la bronca. Jamás lo haría desde un punto de superioridad moral ni intelectual, no soy nadie para hacerlo y me parece una actitud repugnante, pero sí que lo hago como alguien que ama la música tanto como las bandas participantes y que no ve que sea recíproco de parte de los asistentes a cada concierto.

Tanto Jesús de The Picnic como Martín de Paula Margalef estaban de acuerdo conmigo respecto a lo feo que está venir al evento, votar al principio o a mitad a los que te interesan y no darles una oportunidad a los demás. De hecho, Martín también me comentaba que lo más importante para él por encima de esa faceta más deportiva de esta especie de torneo siempre era la música. «Si ganase sin merecerlo sería algo que me pesaría de por vida, una losa eterna», me decía.
Con conversaciones así, asumo que no estoy solo en este tema. Para mí, es muy sencillo: si vienes a un evento así con la idea de votar única y exclusivamente a tus amigos o a quien conozcas, mejor que no vengas. Por mi parte, ya conocía a The Picnic, Autoestop y a Boletus, pero de estas tres solamente acabé votando por la última, dado que la unicidad de Los Salos y la química de Sapiens con el público se ganaron mi apoyo.
Boletus fueron mis favoritos de la noche, me encanta lo que hacen y considero que manejaron a la perfección tanto al público como al ritmo y presentación de su intervención, pero eso no quita que le diese una oportunidad real a todos y cada uno de los participantes. De la misma manera, no pretendo demeritar a nadie del top 3 (compuesto por Los Salos, Sapiens y Bendito Siniestro). Hay una comunidad muy grande aquí, en la que salvando excepciones suele primar el buen rollo y el compañerismo. Eso me parece precioso, pero de ninguna manera me parece bien que la amistad y bondad se conviertan en bienquedismo y complacencia.
Para mí, y siento usar esta palabra por las personas fascistas o liberales que la tienen en la boca todos los días, el bienquedismo no tiene cabida en un mundillo artístico. La verdadera amistad y confianza entre unos y otros es poder decirle a tus colegas o a una banda que te encante que lo han hecho genial, pero que no les has votado porque alguien te ha gustado más, sin que eso se tenga que ver como una traición.



Hay demasiado miedo a decir algo que pueda sentar mal, cuando en realidad la crítica constructiva y la diferencia de opiniones son la única forma de avanzar de verdad en el arte. Hacen falta dos cosas para que el Loco Summer no se convierta en un concurso de quién tiene más amigos: que la gente vaya con la mentalidad abierta a escuchar a todas las bandas, dándoles una oportunidad real, y que no se repartan las papeletas para votar ni se coloque la urna hasta que no acabe el último concierto.
La primera depende de vosotres. A mí me gusta mucho Lúmina, Boletus o Julia y Los Poetas, pero ir a una jam o batalla con la intención de escuchar únicamente a esas bandas es algo ridículo, anti-arte y de muy mala educación. Si más allá de les amigues que podamos hacer lo que más nos importa y nos une a todes es la música, es una falta de respeto a la misma no escuchar a todes por igual o no votar dependiendo única y exclusivamente de quién crees que lo ha hecho mejor ese día.
Por otro lado, agradezco muchísimo la invitación al evento por parte de su organización, pero eso no me va a impedir criticar este aspecto del mismo. Por supuesto, no lo quiero hacer con enfado ni con maldad, sino con la intención de que tanto este tipo de conciertos tan divertidos como esta escena musical tan buena que tenemos alcancen el mejor nivel posible. Lamentablemente, eso pasa por ser un poco más duro a veces. En este caso, si alguien se enfada porque no puede votar al principio o a mitad del evento y olvidarse del tema, que se vaya si quiere, porque demuestra que no ha venido por la música, ha venido para quedar bien.
Estoy convencido de que al menos uno de los primeros tres puestos habría sido diferente si se hubiera aplicado esta filosofía tanto de parte del público como de MVP, Plaga Indie y La EX. Y más aún teniendo en cuenta que les últimes artistes del evento fueron de lo mejor de la noche. No me sorprendería en absoluto que Autoestop, Boletus o Paula Margalef se colasen en el podio de no ser por este problema que empaña al Loco Summer entero.

Aunque me he centrado en que hay que darle una oportunidad a las bandas bajo el pretexto de que existe una votación al final del evento, no me refiero únicamente a las instancias en las que existe ese factor competitivo. En una simple jam o en un concierto con teloneros es igual o incluso más importante estar ahí para cada artista y brindarles nuestro apoyo. Lo pongo de ejemplo por ser el evento que da pie a este artículo, pero esto no va solamente sobre el Loco Summer y los votos o ganadores, va sobre la manera en la que el amor por la música y por el talento local se torna en algo selectivo para mucha gente.
Estoy muy contento por el buen nivel que dieron las bandas, por la ideaza que es tener un mes de julio con batallas de bandas todas las semanas y por la comunidad que tenemos en Valencia. Desafortunadamente, si esto va a ser una tradición anual (y si no de todas formas lo que digo vale para cualquier evento de esta índole con o sin votaciones), no se puede seguir permitiendo que haya personas que vengan para tener como ruido de fondo a una buena parte de los protagonistas de la noche. Por encima de todo, prioricemos la música, que supuestamente es para lo que estamos aquí.






