“Conocí a Perfecto Miserable gracias al algoritmo de Tik Tok” Esto es algo que he escuchado en las últimas 24 horas más que un hola, adiós o si alguien tenía un mechero. Lo que es lógico, porque yo también me los crucé así.
Descubrir música ahora mismo es muy complicado. Ya no solo mandan los algoritmos de la plataforma de streaming a la que decidas jurar lealtad. Si no que las redes sociales son capaces de formar tus gustos musicales. Esto es así desde hace más de 10 años. Toda persona que haya tenido una adolescencia pegada a Twitter, Instagram, Tumblr o la red social que se cayó por el camino, ha descubierto artistas porque otras personas hablaban de ello. Algo que de primeras es hermoso, porque muestra las maravillas de la globalización. Cómo somos animales sociales en búsqueda de conexión y conocimiento en cualquier ámbito. La música tiene una fuerza de cara a todos nosotros que solo puedo pensar en la escena de Los Pecadores de Ryan Coogler para definir a dónde nos puede llevar.
“No hay buena acción que quede sin castigo” Internet pasó de un mundo nuevo que explorar como los piratas que salieron al mar, a una jungla peligrosísima donde todo te podía atacar, a que cuando empezamos a pavimentar el capitalismo entró como Estados Unidos a cualquier país latinoamericano y arrasó con todo. No vivimos en la misma red que hace diez años, ni siquiera la de hace cinco. Ahora estamos más conectados que nunca. Es nuestra segunda piel. Lo primero que hacemos es mirar el móvil. No hay una separación entre el mundo real y el ciberespacio como cuando era un niño. Somos yonkis de la red. Lo que ahora es popular está programado para serlo, lo que está emergente en su gran mayoría es otro tipo de programación que parecer alternativa al pop. Tenemos que escuchar el álbum el mismo día que sale y tener una opinión formada. Publicarla y pasar al siguiente. Así sucesivamente porque hay que consumir, consumir y claro, consumir.
Quien me lea pensará y con razón, “Vale Jorge, tienes razón, pero esto ya lo sabemos, ¿qué tiene que ver con Perfecto Miserable?” Pues todo la verdad. Su propuesta musical no podía haber aparecido en otro momento que no fuera este. Este preciso instante en el que el capitalismo tardío se está transformando en una distopía cyberpunk sin estilo. Aquí entran ellos.

Este grupo de castellonenses están triunfando porque su sonido es la evolución de la cultura de internet. No en base a referencias, si no en base a sentimientos. ¿Sabéis a qué suena Termonuclear? ¿El single que les ha lanzado a este temprano éxito? A los Sex Bob-omb, la banda de Scott Pilgrim. A un AMV de algún anime que me marcó en el proceso de construcción de mi personalidad. En esa canción original para un videojuego. En los openings de tantos y tantos animes. Suenan a las horas que pasé en YouTube.
Perfecto Miserable no es solo cercano, si no que suena cálido. Por eso estos chavales son carne de edits. Sus letras, sus armonías, parecen nacidas para ir corriendo a tu programa predilecto de edición (Da Vinci Resolve manda), coger tu serie favorita y construir un vídeo a golpe de beat. Es algo que me resulta fascinante y me parece algo que se ha destilado desde lo que han sido grupos como Axolotes y Aiko. Bandas que ya tienen un diálogo con la cultura otaku abriendo un puente entre nuestras formas y estilos. Este es el siguiente paso.
Internet ha sido y es todavía refugio de los raritos, de los marginados. Por más difícil que sea, todavía conseguimos construir comunidades pese a lo invasivo de la publicidad, el falso reinado de la Inteligencia Artificial o las ridículas decisiones de millonarios que deberían pasar más tiempo en una prisión que en un despacho. He podido asistir a sendos conciertos de la banda en el mismo día y el ambiente que había en el Ca Revolta me ha demostrado todo lo que estoy diciendo.
Vayamos de primeras con lo impresionante que resulta que hayan hecho un doble sold out en la misma fecha y en el mismo espacio. Al final vivimos en Valencia y el hambre musical está a la orden del día. Ha sido muy interesante el poder pasarme la tarde del viernes escuchándolos a fondo porque esta oportunidad que he tenido, me ha hecho comprender mejor quiénes son. Ya de base con lo cercanos que han sido desde que han hecho acto de presencia en la calle del local. Me ha gustado lo respetuoso que ha sido todo el mundo con los integrantes de la banda. Fotos, vídeos, saludos, peticiones de merch, pero se les ha notado cómodos. No han tenido que escapar a tocar o refugiarse dentro del local para estar tranquilos. Lo estaban porque al menos de momento, su público está en sincronía con ellos.

Ha sido prácticamente la misma setlist. Sus pocos, pero ya potentes singles que están en todas las apps y además un puñado de novedades. Quizá mi parte favorita del concierto. Es habitual que los artistas se lancen a mostrar lanzamientos, pero es la primera vez que vivo a un grupo hablando de enseñar canciones de un segundo o tercer álbum cuando técnicamente ni ha salido el primero. Que cosa más caótica, que absurdo y a la vez que honesto. Manera fantástica de crear comunidad y enganchar a quién no esté todavía en la onda miserable.
Esa es otra, creo que tienen uno de los nombres más potentes de toda la escena. La industria musical lleva teniendo nombres increíbles desde siempre, pero hay algo en “Perfecto Miserable”. Es como el título de un cómic independiente muy popular. Como diría Lorca, tiene duende.
Otro de sus grandes aciertos es que cualquiera del escenario podría haber estado abajo viviendo las canciones. Se palpa en el ambiente lo mucho que disfrutan lo que hacen, lo que buscan transmitir con la melancolía de sus letras. Más que música reparadora, tiene en común ese instante que una obra artística te atraviesa y piensas “Esto lo han hecho para mí”. Son estrofas que resuenan. Que pican donde tienen que hacerlo y que si duelen han cumplido con su trabajo. Los sentimientos pese a su lógica, pese a lo que queramos comprenderlos o racionalizarlos, primero se tienen que sentir. Si no lo hacemos, no le damos fuerza a los engranajes que nos hacen funcionar y eso se puede ver en la música de estos chicos desde el primer instante que rompe cualquiera de sus instrumentales.
Querría poder decir algo sobre Perdedor que han sido los teloneros de la primera ronda, pero no he podido escucharles mucho y no me parecería de justicia. Si que lo poco que les he visto, el espíritu tan visceral que tiene la sala del Ca Revolta se mantiene grupo tras grupo. Quizá es el espacio, quizá es la audiencia, pero poco a poco se ha convertido en una de mis salas de concierto favoritas de toda la comunidad. Pese a que no haya acompañado el insoportable calor que hacía la primera hora.

Es difícil construir unas conclusiones. No porque no las haya. Claro que sí, el grupo me ha gustado mucho en directo, recomiendo a quién pueda que no se lo pierdan. En cualquier momento estos despuntan y acaban siendo secuestrados para los 300 festivales que hay en este país. Es solo que, da gusto ver a la gente hacer comunidad. Hace mucho que no vivo los conciertos solo por mí o mi gente cercana, últimamente me fijo mucho en el otro. El ser humano es tan expresivo que verlo en un ámbito donde se siente tan seguro es fantástico. Al final es cierto, para luchar contra el cinismo debería salir a la calle, debería ver más verde, debería hacerle más caso a mi madre, debería irme más pronto a la cama.






