evil dead burn review 3740

¡Viva la casquería! Se estrena Posesión Infernal: En llamas.

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Hay muy pocas franquicias a las que les perdone casi cualquier cosa. Posesión Infernal es una de ellas.

Lo curioso es que, después de más de cuarenta años, sigue siendo una saga con una continuidad bastante opcional. Y eso hace que cada fan tenga una idea distinta de qué es una película de Posesión Infernal. Para algunos es Sam Raimi haciendo el cafre con una cámara atada a una tabla de madera, para otros es Bruce Campbell haciéndose el chulo y para otros es Mia bañándose en doscientos mil litros de sangre. La continuidad siempre ha sido más una sugerencia que una norma, y creo que le sienta mucho mejor que un lore demasiado estricto.

Con ese espíritu llega hoy a los cines Posesión Infernal: En llamas, aunque nosotros pudimos verla un poquito antes gracias al ciclo de los Cines Lys, Terroríficamente Lys (un abrazo desde aquí).

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La premisa es clasicota: Alice (Souheila Yacoub) acaba de perder a su marido, Will (George Pullar), y se tiene que enfrentar a pasar el duelo con la familia de él, que ya estaba bastante jodida antes de que apareciera ningún demonio. Hay un libro con dibujos chunguísimos, aparecen los deadites a hacer de las suyas y el destino del mundo está en manos de una sola final girl. Hasta aquí, nos lo sabemos. Lo chulo es que, entre gasolina, sangre y fuego, la peli deja entrever una idea que me gustó mucho: los demonios dan mucho miedo, pero las dinámicas familiares y los señores bastante más.

Como experiencia, me gustó bastante cómo la película reparte el ritmo de los actos. Empieza con una apertura potentísima, luego se permite bajar un momento para que conozcas a esta familia y, cuando vuelve a arrancar, ya no levanta el pie del acelerador. Creo que le sobra media horita, para qué nos vamos a engañar, pero cuando entra en modo Posesión Infernal no te da ni un respiro. Aún así y pese a comerme todos y cada uno de los jumpscares, no pasé mucho miedo, pero sí hubieron varias escenas que me dejaron muy mal cuerpo y unas cuantas imágenes que todavía me siguen rondando la cabeza.

La familia reunida en la casa aislada donde transcurre Posesión Infernal: En llamas.
Una familia feliz, supongo

Por ejemplo Edgar, el patriarca de la familia interpretado por Erroll Shand, no necesita estar poseído para darte un mal rollo que flipas. La manera en la que se mueve, cómo habla y su actitud hacia su mujer Susan (Tandi Wright) ya dibujan una casa donde la violencia lleva mucho tiempo instalada. 

La madre prácticamente ha dejado de existir como persona, porque lleva tantos años anulándose, viviendo para cuidar de Polly (Maude Davey) y manteniendo una idea de lo que la familia debería ser, que Alice le molesta muchísimo, porque desde su percepción representa justo la vida que ella nunca pudo permitirse… Aunque la pobre no es que lo tuviese mucho mejor. Sabemos desde el principio que Will era un marido maltratador, así que antes de enfrentarse a los demonios sobrenaturales, Alice ya llevaba tiempo conviviendo con otro tipo de maldad.

Y luego está Joseph (Hunter Doohan), el hermano de Will, que me parece uno de los personajes más interesantes de toda la película. Porque Joseph no es un monstruo, es simplemente un niño de mamá y un cobarde, y pocas cosas dan más miedo que descubrir que la persona que tienes al lado va a elegir mirar hacia otro lado. Y si no, que se lo pregunten a su novia, Thya (Luciane Buchanan), que probablemente tiene la frase más demoledora de toda la película.

Lo que me gusta es que Posesión Infernal: En llamas no intenta convertir esa idea en un ensayo sobre las masculinidades ni nada así. La prioridad absoluta es ver cuánto gore cabe dentro de esa casa, pero te va dejando estas ideas como un subtexto interesantísimo, sin ponerse intensa ni intentar dar una lección al espectador. Al final los deadites son la excusa para montar la fiesta, pero en esa familia ya había mucha maldad.

Joseph (Hunter Doohan) en una escena de Posesión Infernal: En llamas.
an evil twink

Pasando por lo técnico, he visto bastante gente decir que esta entrega «traiciona» el espíritu de la saga porque ya no tiene humor, pero yo creo que lo que nos falta es memoria.

La primera Posesión Infernal tenía momentos súper graciosos, sí, pero no era una peli de risa. Es con Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas cuando Raimi se acoge más a la comedia, pero llevamos ya tres películas seguidas (el remake/recuela de Fede Álvarez, El despertar y ahora En llamas) apostando por un terror mucho más en línea con esa primera idea de lo que Posesión Infernal podía ser, así que entiendo que esta entrega haya tirado también por ahí, pese a lo fuerte que es la huella de la comedia de terror en la cultura pop.

Y hablando de lo que dice la crítica, aunque creo que la dirección de Sébastien Vaniček tiene mucha alma y sobre todo una forma súper llamativa de mover la cámara sin reinventar la rueda, sí comparto una cosa que he leído bastante: Estoy harta de la fotografía color cemento. Entiendo la intención, en serio. Supongo que buscan una estética más sucia, realista y que el estallido final de rojos funcione mejor por contraste… Pero no hace falta.

También me llamó bastante la atención su obsesión por los primerísimos planos, que funcionan a ratos. Hay momentos donde la cámara está tan pegada a la piel que solo podía pensar en Los Miserables de Tom Hooper, que, para demostrar que los actores estaban cantando en directo, poco más y les meten dentro de la lente.

Ya se le veía esta costura en Vermin, su anterior película (la de las arañas, que vi en su pase por Terrormolins), donde repetía esos planos tan suyos, que aquí vuelven a aparecer casi como marca de la casa. Cuando controla esa cercanía en vez de abusar de ella, el resultado es tremendo, así que espero que en lo próximo que haga, aleje la cámara medio metro más.

Souheila Yacoub como Alice en Posesión Infernal: En llamas.
Nuestra nueva final girl francesa

¿Está Posesión Infernal: En llamas entre mis favoritas de la saga? No.

¿Está guapísima? Mogollón.

Y al final creo que eso también forma parte del encanto de Posesión Infernal como saga. Es una franquicia que nunca ha tenido miedo de cambiar de tono, de protagonistas o incluso sus propias reglas mientras siga habiendo un Libro de los Muertos, una motosierra y litros y litros de sangre. Algunas veces saldrá mejor y otras peor, pero pocas sagas de más de cuarenta años siguen teniendo tantas ganas de probar cosas nuevas y mientras eso siga así, allí me tendrán el día del estreno. O del preestreno, si tengo suerte.

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