Las veinticuatro horas antes del concierto de Los Salos en el 16 Toneladas fueron algo complicadas para la banda. Después de unas semanas anunciando con mucho orgullo que iban a sacar albúm, señalando la imprescindible fecha en nuestro calendario de cuando iban a tocarlo y con la confirmación de que el álbum saldría antes en las plataformas de streaming… salvo que esto último no ocurrió.
Pasaron las horas, volvieron a pasar las horas y esas diez canciones no aparecían por ningún lado. Incluso miré si era algún tipo de táctica de marketing y por si acaso estuvieran en privado en Youtube ya subida de antes, pero sin aviso ninguno. Tampoco era el caso. A Los Salos se les había jugado una mala pasada y eso significaba que para mucha gente (como el caso de un servidor) este concierto sería el primer sorbo de Bongofrenia. Esa noche los sultanes del ritmo tenían que demostrar si las expectativas eran ¿una condena o un elogio?

Como Los Salos son una banda nacida de la improvisación sus teloneros no podrían ser de otra manera. De hecho no hubo otro grupo como teloneros, sino Saturno, uno de los miembros de la banda trajo su Sintetizador Modular y marcó lo que sería el ritmo de la noche. No creo que me haga falta explicar la conexión entre los valencianos y cualquier vástago de la música electrónica. Está en nuestro código genético, cuando la onda que nace en la sala termina su recorrido explorando nuestro cuerpo, nos transporta. Es la música infinita, es el sonido de Valencia. Una satisfacción como pocas, porque oscila entre el poder masajear y rascar nuestro cerebro. En ese instante humano y máquina se compenetran en una perfecta armonía para poder bailar.

La puesta en escena de Saturno fue increíble. Una presencia magnífica, que con cada cambio de clavija o toqueteo de los interruptores nos transportaba a ese cine de ciencia ficción de antaño. Donde se nos prometía que el futuro no sería táctil como ahora, sino lleno de cables y botones. El atractivo de aparatos tan vintage no es solo el viajar a otra época, si no ver de lo que uno es capaz. Ahora cualquiera tiene la posibilidad de ser DJ en menos de un mes, pero un sintetizador modular te pide un acercamiento distinto. Cómo volver a empezar de nuevo con la música.
Como amante de la música electrónica fue un privilegio el poder vivir algo así y lo único que pude sentir cuando acabó fue un vacío. A la espera estoy de que Saturno gracias a este concierto de Los Salos, pueda tener en algún momento una DJ set de varias horas para continuar su adictiva melodía.
“Hay leyendas de personas… nacidas con el don de hacer música tan verdadera que puede romper el velo entre la vida y la muerte. Evocando espíritus del pasado… y del futuro.”
Esta es una de las frases icónicas que componen la ya más que conocida película de Ryan Coogler de 2025, Los Pecadores (Sinners). Que marcaría el tempo de la ya icónica escena de “I lied to you” donde pasado, presente y futuro se dan la mano para celebrar el poder de la música. ¿Por qué lo saco a colación? (Esta ya es la segunda vez que lo hago en esta web) ¿Es porque como amante del cine no sé hacer otra cosa que no sea barrer para casa? O es que acaso, me atrevo a señalar y afirmar que ¿La presentación de Bongofrenia por parte de Los Salos fue una experiencia extrasensorial?
En un momento del concierto, señalaron entre risas que eran “el indie real” de Valencia. Esto se puede tomar como una puya al resto de bandas de la escena actual, o como algo mucho más profundo, la puerta a un análisis sobre el significado del indie en 2026. Creo que es algo que todo periodista musical lleva intentando descifrar desde que entramos en esta década y que todavía no hay respuesta por la maleabilidad de la música. El indie tiene que sonar como *ejemplo popular*, pero es que si nos basamos en el origen del movimiento independiente musical, Los Salos encajan en esa categoría como anillo al dedo.

Esto se ve en lo que son sus influencias como comentaban hace un año en su entrevista en Beat Valencia. Ahí está el nombre de Ennio Morricone, padre en custodia compartida con Sergio Leone del spaghetti western. Hay algo que conecta Valencia con ese sonido. Podría ser porque La comunidad Valenciana es la cuna musical del país, pero es fascinante como Los Salos son la reafirmación al igual que Badlands que para recorrer a caballo el lejano oeste y llegar a salvo a tu destino, antes hay que mojarse los labios en el cauce del Turia.
Si algo demuestran Los Salos con canciones como “La Condena de Marcus Winston” es que es un sonido al que no estamos acostumbrados en sala. Quizá en jams, o grupos tributos sobre folk, blues o el rock más clásico, pero en uno actual es raro tener la posibilidad de ver una armónica o unos bongos. Si de algo es bandera Bongofrenia, es que hay que atreverse más. Porque en el mundo postmodernista que vivimos, todo vale. Porque nada importa y por eso todo importa. Llámalo nihilismo positivo o salir de los parámetros de la música del 2026. Esos solos de guitarra, esas canciones con apenas letra, esa sensación de banda sonora, traer un saxofón sin ensayar porque confían en que encajaría con la noche, las palmas que unen a artistas y público en un compás visceral… no deberían volver a nosotros como un reclamo nostálgico, sino como lo que es, música destilada en su estado más puro.

Pero Los Salos no es solo su puesta en escena. No son solo un grupo de chavales sacados del cine kinki de Eloy de la Iglesia. Para Bongofrenia prepararon una performance con Cosette, una bailarina y modelo personificada como un chaman en un Rito Vudú. Que ya en el momento que pisó el escenario nos dejó estupefactos, pero fue bajar y convertir el espacio del 16 Toneladas en un pentagrama en el que el baile reviviría la magia que algún día se perdió. Acompañada de Incensemuse en un tango igual de erótico que mortal. Esta es una banda en la que el público no hace pogos, sino que entrega su alma para que los artistas lo integren en sus partituras.
La conclusión de este concierto, es que deberíamos escuchar y ver más a Los Salos. Claro, que eso es demasiado fácil de decir y ahora de hacer, gracias a que por fin su álbum está en todos lados. Si bien los artistas “no deben nada” a su público y una problemática actual es exigir como si fuera la lista de los reyes magos, pero también quiero que ellos se muevan más. Sí, lo bueno se hace esperar, pero si su música es de cantina, hay más que suficientes que invadir y embaucar para que podamos gritar que nos gusta la Bongofrenia.







