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Euphoria: Tu peor pecado es que te traicionaste a ti mismo por nada.

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Originalmente iba a llamar a este texto ¿Por qué seguimos viendo Euphoria? Hasta que vi el último capítulo. Aunque sigue siendo un buen título, ya no me vale para todo lo que quiero decir y hablar sobre esta serie. Así es, tenemos otra serie de 2026 con una temporada floja, que raro.

Cuando esta serie llegó a HBO fue un movimiento, una producción de lujo. Euphoria ha sido siempre el espejo con brillos y coca de la generación Z. Certera en mucho, fallida en tanto. Es una serie extraña, capitaneada por Sam Levinson, pero siendo la voz de mucha gente. Hasta que el ego de este hombre decida en esa temporada de quién se ha cansado o a quién tiene que quitarse de encima con tal de poner su nombre cada vez más grande y con más cargos.

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Eso es lo que más distingue esta temporada de las anteriores, o los especiales de Rue y Jules. Ya no hay un trabajo conjunto, no es la visión de varios artistas; la única que importa ahora es la de Levinson. No es de extrañar, si con el paso de los años poco a poco se estaba viendo de qué pie cojeaba este visionario, el estreno de The Idol ya fue demasiado. Porque nadie tenía ganas de la tercera temporada de Euphoria, pero todo el mundo tenía el morbo de querer verla. Cuatro años después y con sus actores en momentos de su carrera completamente distintos, ¿qué podía ofrecer la Skins de mi generación?

La vuelta de Euphoria no podía llevarnos al instituto. Ya no sería realista y se sentía algo anacrónico. El salto de tiempo que hace la serie es tan lógico como necesario. Si muchos zetas están cumpliendo los 25/26, hay que ir hacia delante. Así que ahora los personajes o son universitarios, o trabajan, o se van a casar, o van a tener hijos, o… es un cóctel rarito de vidas completamente distintas. Esto no se aleja de la realidad y va en consonancia con la actitud distintiva que ha querido tener siempre esta serie frente a lo que vino anteriormente sobre dramas adolescentes.

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Esta última temporada abre la veda y se permite hacer lo que le dé la gana con los personajes. Total, en el mundo posmodernista en el que estamos, ya nada tiene sentido. Los más afectados por esta situación son claramente los que han sido los cabeza de cartel de Euphoria: Nate, Jules y Rue.

Nate Jacobs pasa de ser un psicópata en potencia a un hombre anulado y arrebatado de su masculinidad. De base, la idea me encanta. Llegar a la vida adulta había hecho que se le bajaran los humos y ahora mismo era una fracción de su antiguo ser. Una muestra del modelo americano y de cómo el quarterback solo lo seguirá siendo de cara, pero sus “mejores años” ya habrán pasado. Esto… la serie no lo maneja de ninguna manera. Jacob Elordi grabó esta temporada sin ganas, con prisa y queriendo marcharse. Pasa a ser un secundario, finalizando como una herramienta narrativa para Maddy y Cassie. Su desenlace per se no me parece terrible, pero es el mantra de esta temporada. No son las peores decisiones, solo que tampoco son las mejores.

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De Jules qué podemos decir. De nuevo, una idea en el papel muy interesante sobre una estudiante de bellas artes que quiere vivir tranquila y que convierte su adicción al sexo en su sustento con tal de no caer en un trabajo precario para pagarse sus estudios. Una artista con un mecenas que le paga por el disfrute, en el que los cuadros son secundarios. Hay algo que la serie nunca llega a decir. Nunca llega a profundizar sobre que igual el trabajo de ella es mediocre, porque a Sam Levinson no le interesa. El equipo describe su subtrama como la de Rapunzel en la torre, a la que Rue va a visitar en un intento de rescate. Solo que sufre el mismo desenlace de Nate de acabar como una historia secundaria más. Que cuando aparece para cerrar el último capítulo ya ni te acordabas de qué estaba haciendo.

Es triste porque, dentro de todo, muchas de las escenas de Jules han continuado siendo fantásticas. Nunca al nivel de la primera temporada o su especial, pero en el capítulo de la boda su encontronazo con el personaje de Elordi es brillante. Dos personas que una vez estuvieron enamoradas la una de la otra, en una relación tan tóxica como retorcida. Que no llevó a nada, pero ahora son adultos y podrían hablarlo, solo que no es el momento adecuado. Nunca lo será.

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Acusar a Euphoria de ser una serie que banalice las drogas ha sido siempre una cosa ridícula, porque lo que quiere es que entiendas la visión completa del adicto. Eso nos ha transmitido desde su base con Rue. La hemos visto en el subidón, como en el bajonazo. Hemos visto la hipocresía del entorno frente a la yonqui del barrio, o el intento de ayuda sin tener ni idea de cómo ayudar a una persona que parece que no quiere ayudarse. El trabajo de caracterización y actuación de Zendaya como ella ha sido el motivo principal de querer continuar con cada nueva temporada de Euphoria. Nunca parece ella; ha dedicado tanto al personaje que daba igual cómo de mala pudiera ser esta temporada, ella iba a encauzar con su magnetismo todo lo que le echasen encima.

En cierta medida es lo que ha pasado desde el primer episodio. Ya que esta es la temporada que deja más que nunca su posición antidrogas y, sobre todo, un intento de crítica feroz contra el fentanilo en Estados Unidos. Rue se ve envuelta en una trama de mafias clásicas para mostrar los límites a los que te pueden llevar las adicciones. Cómo la mala vida es justo como suena. Esta tercera temporada se pasa todo el tiempo castigando y recompensando como si fuera un perro.

No me gusta el final de Rue. Cuando lees que la actriz principal tuvo que luchar y acabar rindiéndose a esta manera de cerrar, algo pasa. Me resulta cobarde y cae en la redundancia de las narrativas clásicas estadounidenses. Hay una visión clara. Un pulso entre director y actriz que no lleva a buen puerto. No me ha parecido malo porque sea cruel, no vería nada de negativo en eso si la ejecución no fuera que su historia se acaba de convertir en un refrito del tercer acto de Taxi Driver en un prostíbulo. “In God We Trust” es un capítulo nefasto que elimina la poca esencia que le quedaba a Euphoria para convertirla en la ametralladora de homenajes de Sam Levinson. Tan frustrante ver a un personaje tridimensional como fue siempre Rue, convertirse en una lección y una especie de martir, que no encaja nada con quien es ella.Creo que le recomendaría a este señor que la próxima vez que quiera tratar adictos, crueldad y desenlaces para yonquis, se vaya a las obras de Irvine Welsh para tomar inspiración.

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No todo ha sido malo o en balde. Dentro de todo, esta tercera temporada acaba con un aprobado justito. Ya que, por un lado, parte de estar rodada como ninguna otra serie del panorama del streaming. No es solo el hacerlo en film, es que Euphoria nunca ha tenido que sufrir la muerte de la identidad visual como las otras series. Cada capítulo, cada montaje parece un artículo de lujo de principio a fin. Solo hay que ver que al marcharse Labrinth de la serie han ido corriendo a pedirle a Hans Zimmer que haga la BSO.

Un resultado algo raro, porque al menos musicalmente ha transformado la identidad de la serie. Euphoria ya no suena como antes. Esto se podría traducir como que, al saltar a la vida adulta, la música que rodea a estos personajes ha cambiado al igual que ellos, pero no es eso. Estos ocho capítulos suenan como cualquier otra serie.

Esta nueva Euphoria parece una mezcla de dos referentes de Levinson: Sean Baker y Quentin Tarantino. A ratos parece que el hombre se picase después de ver Anora y quisiera mezclarlo con la petición de tanta gente en redes de hacer una Kill Bill 3, pero con Zendaya.

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He machacado y con razón esta temporada, pero no quiero acabar sin mencionar lo que ha sido su mayor virtud: la reconciliación entre Maddy y Cassie. Con todos los peros que pueda ponerle a la ya famosa trama de OnlyFans, esta serie ha estudiado la situación actual de Estados Unidos. Un país puritano hasta las cejas, pero con una adicción al porno que ha generado una nueva manera de continuar justificando la prostitución. Solo que ahora es empoderante.

Por cómo ha cambiado el mundo en tan poco tiempo y cómo fue su adolescencia, que Cassie acabase teniendo un OnlyFans era una situación lógica. Ya no se quieren trabajos como los de antes. Ahora hay que ser famoso y ser rico. Ya sea siendo actor, influencer o estrella del guarreo, pero claro, no puede ser una actriz porno. Hemos encontrado otro paso que el liberalismo va a premiar y aprovechar de las armas progresistas para trastornar.

Maddy ha sido, como Nate, el tipo de persona a la que al acabar el instituto le iba a ser muy difícil adaptarse al futuro. Después de un suceso “traumatizante” como son los cuernos entre novio y mejor amiga, ha cerrado su corazón, lo que justifica su trato cruel y deshonesto frente al resto de mujeres. Por algo Levinson la junta con Alamo. El mafioso sacado de un GTA que trata de la misma manera a sus strippers. No he sido muy fan de este personaje hasta que no ha convertido a esta pareja de proxenetas con las conclusiones claras sobre la nocividad del individualismo, el sueño americano y ser tu propio jefe.

alexa demie 0


En cierta medida sorprende lo bien que maneja esta temporada, todo lo que rodea a la prostitución de las strippers. Anulando cualquier duda sobre la glorificación en el momento que las ves convertirse en cachos de carne adictos a las drogas con tal de no sentir. La gente se quedará con el cameo extendido de Rosalia, pero sin duda lo mejor de esta temporada y referente a España, ha sido el poder ver a Priscilla Delgado. Angel es un personaje intenso y conciso. Algo de la vieja Euphoria.

El mensaje que quiere dar esta última temporada parece bastante bueno, hasta que te das cuenta de lo anclado que está a un mensaje reaccionario y ridículamente católico. La presencia de la fe y culpa judeocristiana en esta temporada ha llegado a prácticamente momentos paródicos como con Lexi. Que no sabes si es la voz de la razón o un Pepito Grillo amish. Por eso es tan frustrante el resultado general. Sam Levinson señala todos los problemas de Estados Unidos, pero esto es lo mismo que cuando se habla de la corrupción policial y las manzanas podridas.

No sé, quizás me molesta que esta temporada al final haya convertido Euphoria en una obra conservadora. Supongo que me lo podría haber esperado; esta serie parte de ser un remake de una producción israelí. Me daría mucha pena que esto se convirtiera en un relato profético sobre nuestra generación. Cómo, teniendo las herramientas y oportunidades de transformar el mundo, solo reinventemos las mismas cadenas que han oprimido a las generaciones anteriores, pero ahora vamos al psicólogo, fumamos vape y tenemos relaciones abiertas.

colman domingo 3

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