A finales de mayo Zerocalcare estrenaría Por Cuatro Perras (Due Spicci), cerrando lo que sería su primera trilogía de mini series animadas. Llevamos cinco años en los que el punkarra italiano viene a visitarnos con el dinero de Netflix para remover nuestras entrañas.
Descubrí a Zero como muchos que me lean, por los constantes clips que inundaron las redes sociales después del estreno de Cortar Por La Línea de Puntos. Como huérfano de Bojack Horseman y detractor de Rick y Morty, la serie llegó a mi en el mejor momento. Ya que echaba en falta una serie de animación adulta que me llamase la atención y lo siento, pero no Big Mouth, no era un candidato favorable. Recuerdo el día que acabé la primera mini de este señor. Se dice mucho, pero es cierto, un puñetazo en el estómago habría dolido menos.

Si algo caracteriza la obra de Michele Rech es que se siente en todo momento como relatos de autoficción muy reales. El hombre juega constantemente con la parodia de su entorno y de sí mismo, encima va acompañado de un armadillo gigante que funciona como conciencia, pero puedes ver que este dibujante de cómics, es la voz de una generación. Obedece mucho a los códigos de lenguaje y conducta de los primeros millenials. Aquellos que vivieron como Hollywood iba poco a poco dándole espacio a los frikis, creando franquicias y moldeando lo que sería la cultura popular de cara al futuro.
Zero es el ejemplo de lo que se ha dicho siempre de figuras como Kevin Smith, “es uno de nosotros”. Es un hombre friki, que habla con referencias constante a Star Wars o demases, tiene problemas con las chicas, relación complicada con sus padres y está muy marcado por sus propias paranoias. Está claro que como muchas obras que nos llegan actualmente, las series y cómics de este señor, no existirían de no ser por obras como Clerks, Mallrats y Persiguiendo a Amy.
La suya como la de sus homólogos es un tipo de narrativa en la que es fácil entrar y engancharte. Poco separa a Zerocalcare de lo que fue Scott Pilgrim. Porque entre referencia y referencia a Evangelion, te mete trasfondo de su vida, de su entorno, de cómo es vivir en Italia. Este es otro de sus grandes atractivos: es una voz europea. Muy europea. Es ahí donde marca la novedad. Ya no estamos escuchando y viendo las vidas de inadaptados sociales en Chicago, New York o Los Ángeles. Ahora toca a los que viven en Roma.

Es muy fácil engancharse a cualquiera de sus series o cómics. Ya que sus problemas existencialistas, de no saber cómo hablar con mujeres o las dificultades de querer mantener relaciones sanas con tus amistades, es algo que cualquiera puede verse identificado. Por algo es un bombazo entre la generación Z de Latinoamérica y España. Dentro de lo que suponen las más que obvias diferencias entre un señor de cuarenta y dos años y un chaval de veinticinco, somos generaciones que van de la mano. Ya si encima hablamos del panorama sociocultural y político de España/Italia, ni te cuento.
Decir que una de las cosas que eleva la serie a otro nivel es su traducción y doblaje, tan implacables como perfectas al español. Eduardo Bosch es una leyenda ya en el doblaje de este país y no me puedo imaginar la serie sin su voz. Capta de una manera magnífica las vocecillas y cambios de registro de Zero. Acompaña sobremanera la imaginería visual de la serie, tanto que mucha gente pensaba que era de base una producción española.
Pero, ¿Qué diferencia Por Cuatro Perras, de las anteriores series? De primeras la duración. Es la serie más extensa que ha hecho hasta ahora. Ocho episodios que oscilan entre media hora y cincuenta minutos. Ya desde el primero, notas que algo ha cambiado. No estamos frente a lo habitual, porque en esta parte vamos a contar y expandir con muchos más personajes de lo habitual.
Cortar Por La Línea de Puntos era una serie muy sentimental, Este Mundo No Me Hará Mala Persona lo es también, pero tenía un foco mucho más político (Curioso que sea acusada de ser la más floja, supongo que a la gente se le olvida que Zerocalcare es un punk que ha llegado a las manos contra los nazis) y Por Cuatro Perras es una serie sobre envejecer con tu entorno.

La vida se presta a ser complicada y cuanto más creces, mayores compromisos atañe. Una casa, una mascota, un matrimonio, hijos, un negocio… parece que queremos extinguir nuestro libre albedrío y sustituirlo por trabajos precarios e infinitas facturas. Cada uno se compromete con estilo de vida e intercalar con el de los demás, para poder seguir pasando tiempo juntos. Poder seguir siendo amigos. En esta serie un grupo de colegas de toda la vida necesita ser perseguidos por la mafia y el regreso de una cara del pasado para intentar hablar las cosas.
Es atrevido lo que decide Zerocalcare con esta temporada, porque aunque nunca abandona la silla de protagonista, si se permite cederla. Para quien no haya leído todavía los cómics, tenemos un espacio que muestra más esta pequeña Italia y que supone ser un adulto hecho y derecho. Hablamos de una obra bastante amarga. Ácida en la mayoría de sus diálogos y que nos lleva a plantearnos lo que suponen las dinámicas de pareja.
Jabalí le oculta información a su mujer, Sarah normaliza las constantes discusiones con su novia, Secco nunca se trae a la madre de su hijo, Smeralda es víctima de una relación de maltrato de la que no puede escapar. ¿Y Zero?… Zerocalcare está ahí para ellos, o lo intenta. Uno de los aspectos más interesantes esta temporada es como nuestro querido italiano con infinitas camisas de calaveras, ha tomado otra vía. Lo que le hace también querer ser ese juez, jurado y verdugo que lleva acompañando su trastorno narcisista desde que le vimos con el Armadillo por primera vez.
Me ha gustado mucho de esta serie también él como señala los problemas del sistema, desde una perspectiva distinta. Todas las obras de Zerocalcare, hablan sobre los males del capitalismo, pero aquí, podemos ver que tengas la edad que tengas, trabajes en lo que trabajes, o tengas la vida que te haya tocado, la felicidad solo se puede encontrar o atisbar si uno se lo curra para ello. No deberías ser infeliz si tienes un buen trabajo, una pareja que te quiere o unos hijos, e igualmente, ahí estamos todos, naufragando por el vasto océano del existencialismo estemos en el momento en el que estemos de nuestra vida.

¿Por qué es tan difícil vivir? Porque lo que nos importa nos duele y si ese algo no lo hace, nos angustia sobremanera. La nostalgia se manifiesta por la falacia de tiempos pasados eran más simples. Ahora nos lo parece porque le dimos la solución, o ahora tenemos una mejor con el paso del tiempo. Por ello tanta gente recurre a ella, es una droga más, solo que en vez de esnifarla o fumarla, se materializa en cosas como una película de He-Man en pleno 2026.
Esta es de las pocas veces que me cuesta hablar de los aspectos negativos de una obra, pero aunque agradezco la duración, esta temporada sufre problemas de ritmo bastante exagerados. Creo que en parte esto es debido a que igual por su extensión viene acompañado de más gags referenciales y menos momento donde respirar, o asimilar la serie. Me resulta raro escribir esto, porque las anteriores series me las vi en uno o dos días en cuanto salieron y esta la he dosificado en una semana y media. Sí, mis tiempos son distintos a los de años anteriores, pero no me ha brindado tanto el querer “fumarmela”. Tampoco creo que se preste a ello y me parece bien.
Esta trinidad animada me recuerda bastante a lo que es la trilogía Before de Richard Linklater. Con toneladas de peso emocional, que marcan distintas épocas tanto de la vida del artista como de su audiencia y por supuesto, una tercera parte, que seguramente disfrute mucho más de aquí a veinte años.
Recomiendo la obra de Zerocalcare a cualquier persona que le guste escuchar las paranoias y ansiedades del resto, o esté cansado de las suyas. Que conecte con quien la vida se le hace bola y necesita externalizar todo lo que piense o sienta, con tal de darle forma a lo que sea que tengamos dentro. O que quiera quitarse el mal sabor de boca del final de Euphoria. No siempre acertará, pero eso es lo que nos hace humanos y sobre todo, hace su obra un monumento del estado en el que nos encontramos a día de hoy. Annamo a Pijà il Gelato?






