Resurrección es una cinta que desde su estreno en festivales lleva dando muchísimo de que hablar. Una película de las que define su año, de esas que todo el mundo tiene ganas de ver incluso sin saber de qué va. Porque no paran de ponerla muy bien, porque se dice que nos lleva a un nuevo tipo de experiencia, porque es “Lynchiana”, porque…
Como suele pasar con el cine asiático, también nos llega algo tarde. A mí me tocó verla ayer en los Cines Babel en Valencia. Esta ganadora del premio especial de Cannes se estrenó el pasado 30 de abril. 6 meses después de su estreno en China y un mes después de su salida en plataformas de streaming estadounidenses. Un estreno con el que Filmin y Madfer lleva creando hype desde que lo anunció, ¿pero es acaso Resurrección una película que haya sobrevivido su propia mitificación casi un año después? No, la verdad es que no.

Decir que este es mi primer acercamiento a Bi Gan como director. Si algo puedo sacar de esta película es que es un director profundamente enamorado de su medio. Es palpable en estas casi 3 horas de película y es algo que no se pierde ni por un instante. Resurrección es otra carta de amor al cine. Un tipo de ¿género? que me encanta, porque es fantástico cuando se realza el poder que tiene cualquier historia. Esto se transmite en como en todo momento parece un film enfocado en resaltar lo importantes que son los recursos estilísticos del cine. Planos secuencias extensos, split diopters, transiciones, montajes rápidos, planos que transmiten con el silencio… es un cocktel perfecto de lo que hace a este arte ser lo que es.
Esto es una contraposición muy interesante a la dictadura del realismo que tenemos por parte del cine estadounidense. Mirad por ejemplo el trailer de La Odisea que salió hace unos días. Que si bien, no creo que vaya a ser una catástrofe, convierte la gran epopeya de Homero en un blockbuster promedio en IMAX. Coger a Christopher Nolan como saco de boxeo es una costumbre ya en la comunidad cinéfila y no es que yo quiera hacer más leña, pero es cierto que es el gran abanderado de la verosimilitud frente a la fantasía de la imagen. Un ejemplo a seguir para tantos cineastas que da que pensar sobre qué será del cine de aquí a 20 años.

Resurrección, en su propuesta quiere rechazar la realidad. Confirma desde sus primeros minutos que los sueños y el cine están bajo las mismas reglas. Que la humanidad necesitamos sentarnos en una butaca y continuar viendo los trenes recorrer infinitos ferrocarriles sin importar el destino. Esto es maravilloso. Bi Gan abre su película con una promesa onírica que es contagiosa. Te dice que te dejes llevar que esto es una experiencia que no vas a repetir en tu vida. Todo esto es cierto, pero me han resultado promesas que caen en saco roto.
La nueva cinta de Bi Gan es en pocas palabras: cine para cinéfilos. ¿Qué diferencia esto del café para cafeteros que por ejemplo elojiaba hace una semana con el reestreno de Kill Bill? Que desde que plantea su primera historia como que Resurrección está demasiado encantada de conocerse así misma. Con sus homenajes constantes y su insistencia en ser un monumento al cine, he sentido que no aporta nada que no sea un “Qué bello arte, tenemos”. Que oye, no es poco, pero tampoco es suficiente. Su mensaje sobre que toda historia sea más o menos aburrida, tenga mayor sustancia o sea de cualquier década importa es de verdad algo que aplaudir, pero no siento que haga nada con ello.
Resurrección se «escuda» en el surrealismo para justificar cada bola curva, solo que no creo que sepa como manejar una etiqueta como esa. Que esto es algo que en un estilo como el cine absurdo es un constante debate. Porque todo depende de como te entre y aunque te guste Buñuel igual 8 1⁄2 deFellini te resulte cargante. Es un tipo de cine que siempre va con lo que te revuelve las entrañas, lo que lo hace tan interesante de discutir, pero también más difícil de trasladar a un texto. Lo que creo es que Bi Gan en Resurrección le gusta el cine surrealista, pero no sabe hacer cine surrealista.
Hace poco vi Europa de Lars Von Trier. Película que diría que inspira en parte secciones de este film. Me dejó con unas sensaciones parecidas porque adorando la base de la propuesta creo que sufre lo mismo que Resurreción: está demasiado preocupada con decirme que me deje de llevar, a que simplemente lo haga. Siento que su director no confía en el espectador, no que nos considere tontos, pero si que celebra en exceso el sentimiento de amar el cine. Como si al acabar tuviera que dar gracias porque ha hecho una película para mi gente.

El segmento que más me ha gustado siento que explica muy bien todos mis problemas con la propia Resurrección. Un plano secuencia infinito, una proeza artística y envidiable, solo que en los últimos 10 años se ha hecho tanto que no es que haya perdido su magia, simplemente ya es algo habitual. Personajes que al igual que en los otros segmentos se presentan de la nada, sin mayor contexto entras o no entras y es difícil no hacerlo cuando es algo tan atrevido viniendo de las historias anteriores siendo mucho más pausadas. Esto está hecho con un propósito para que acabes en todo lo alto estés dentro o no de la película. Es a eso en lo que me refiero con mis numerosas críticas. Para ser tan onírica y fantástica está ridículamente encorsetada en unas reglas sobre cómo hacer cine sobre cine o la estructura de antología.
No creo que parta de una manipulación emocional como las películas de Pixar de los últimos años o esa peli de A24 que esta vez sí que sí, va a tratar la pérdida como algo distinto. Hay cariño, hay ganas en Resurrección, pero aunque me las creas, no siento que sea una película que sepa llegar a transmitirlo. Si que diré que es una película que me ha dado muchas ganas de leer lo que piensan los demás. De investigar toda crítica, toda opinión que se salga de los marcos de perfección o decepción. Quiero y necesito entender que ha sacado a cada persona de aquí, porque le ha dejado así. Creo que esa acabará siendo su mayor huella en los próximos años. Todo el mundo tiene algo que decir sobre Resurreción.







