Han pasado ya 10 años desde que, con la llegada de la temporada 2 de la ya serie de prestigio y clásico moderno Daredevil de Netflix, vimos por primera vez a Jon Bernthal como El Castigador. Dos temporadas de su spin-off The Punisher, una cancelación de la propia serie del hombre sin miedo y otras dos temporadas de Born Again más tarde, Frank Castle ha vuelto como protagonista para el especial One Last Kill, que hace las veces de epílogo a esa segunda temporada del diablo de Hell’s Kitchen que acabó hace menos de dos semanas.
En todo este tiempo, Jon Bernthal ha sido un Punisher más que competente cuando ha tenido al Daredevil de Charlie Cox como contraparte. Este dúo se siente como juntar a Guerra y Muerte, los dos jinetes del Apocalipsis. Allá donde vayan, son una fuerza a tener en cuenta, y hay una química y conflicto entre ambos que da lugar a algunas de las mejores rivalidades, peleas y diálogos de la historia de series de superhéroes. Sin embargo, cuando esta versión del Castigador está sola, apenas da para una peli de Antena 3 un domingo por la tarde.
Tras una segunda temporada de Daredevil en la que el personaje pasa por un arco de desarrollo increíble y una aparición en la primera temporada de Born Again donde parece más cuerdo, centrado y «recuperado» que nunca, el estado demacrado y dubitativo en el que se encuentra aquí se siente artificial y forzado. Más aún si tenemos en cuenta su aparición en Spider-Man: Brand New Day, puesto que la caracterización de Castle en su tráiler encaja mejor con cómo estaba en Born Again.
Una vez, dos veces…apaga y vámonos

Al igual que le ocurría al personaje en las dos temporadas de The Punisher, en One Last Kill seguimos dando vueltas a los mismos temas y reciclando las mismas escenas. Frank diciendo que no quiere seguir porque ya ha matado a los responsables de la muerte de su familia (a pesar de que, aparentemente, se genera uno automáticamente cada pocos meses) y teniendo visiones en las que personas de su pasado le culpan por todo y el chilla como un Beherit cuando despierta.
Esta sucesión, junto al asesinato de algún que otro criminal de poca monta o mafioso insufrible, es lo único que hemos tenido jamás del Castigador en el MCU fuera de las dos temporadas de Daredevil en las que aparece, donde sí que hay un mínimo de esfuerzo para llevar al personaje a lugares distintos. De primeras, que el único motivo por el que Frank Castle actúe sea para vengar a su familia me parece estúpido.
En lugar de utilizar la muerte de su familia como evento que le hace darse cuenta de lo podrida y corrupta que está la ciudad en general, solamente le interesa matar a los que tuvieron que ver con dicha escena, y una vez lo ha hecho piensa en retirarse o en suicidarse directamente. Es como si Peter Parker detuviese al asesino del tío Ben y dijera «pues bueno, hasta aquí».
Con esto en mente, os podéis imaginar mi reacción al ver que The Punisher: One Last Kill consiste en escenas de alucinaciones con chillidos ridículos, dudas de Frank sobre si seguir adelante o no mientras la ciudad está peor que nunca y una mini-vendetta en relación a cuatro miembros de la familia Gnucci que se saca del culo para crear un conflicto artificialmente.
Sobra decir que no se hace absolutamente nada interesante con el personaje en este especial, y solamente sirve para darle otra vuelta más a lo mismo de siempre, con un Jon Bernthal (que además coescribe el capítulo) que ya se ha perdido completamente en su propia interpretación del personaje, sin ser capaz de salir de ese bucle. El contraste con Gary, el especial de The Bear en el que Jon demuestra que sabe hacer mucho más como actor que chillar y tartamudear, es terrorífico.
John Weak

Ahora bien, la narrativa no es lo único que importa en One Last Kill: tenemos acción y violencia, y encima con el permiso del mismísimo ratón para ser +18. Sin spoilear nada, El Castigador se encuentra en una situación similar a la del protagonista de The Raid, y es ahí donde comienza una larga secuencia de acción en la que utilizará las armas de sus enemigos para ir avanzando por oleadas de matones armados. Siendo esta la parte central del especial…es un poco pobre.
Soy muy fan de la saga de John Wick y de las dos películas de The Raid. La influencia de ambas cosas en este especial de The Punisher son evidentes, pero hay varios factores que la dejan muy por debajo. La coreografía y progresión están perfectamente, y tiene muchos movimientos o situaciones divertidísimas de ver. No obstante, a pesar de tener la calificación para adultos, hay un claro miedo a ponerse violento y visceral de verdad, cosa que en la película de origen indonesio que sirve como inspiración principal para toda esta secuencia no ocurre.
Si esto es lo más violento que va a permitir Disney que se pongan las cosas, siento decir que le falta muchísima más mala baba. No pasa nada si no se quiere hacer algo tan violento, pero entonces no me lo intentes vender como tal ni crees una premisa que se preste a la violencia de The Raid. Junto la falta de compromiso en este apartado, también hay detalles en la coreografía que, a pesar de su notable nivel general, me han sacado mucho del momento.

Cuando John Wick se encuentra acorralado y con la necesidad de ir cambiando de armas, como ocurre en el tiroteo final de su segunda película, no falla ni malgasta ni una sola bala. Prácticamente ningún matón recibe más de dos balazos, y muchos de ellos directamente van a la cabeza. Con diez balas van a caer, como mínimo, cinco personas, y pueden ser diez perfectamente. En The Punisher, para ser un personaje supuestamente frío, calculador y eficaz (por no hablar de la experiencia que tiene matando) se malgastan muchísimas balas.
Soy consciente de que Frank Castle está en un momento delicado (aunque parece que esta versión del personaje lo está siempre, lo cual le quita peso a la situación), pero eso no debería significar que le veamos gastando tres o cuatro balas con un montón de matones cuando se sabe que tiene un solo cargador antes de tener que buscarse otra cosa.
En general, la acción es buena, pero se siente como una versión pasada por agua y amateur de la complejidad y atención al detalle que manejan las ya mencionadas John Wick y The Raid. Es importante porque, de nuevo, la larga secuencia de acción de One Last Kill es un obvio homenaje al estilo de ambas sagas de acción.
El demonio de la comprensión lectora

Eso sí, lo que menos me ha gustado del especial, más allá de las escenas monótonas y repetitivas que llevamos viendo una década o de la acción que se queda a medias (con un plano que tiene los VFX a medio cocer incluido que da vergüenza ajena) es el enaltecimiento de la propia figura del Castigador y sus motivos. Jon Bernthal no solo es estadounidense, sino que además es un gran fan de todo lo militar y de las fuerzas del orden, y se nota que esto lo ha escrito él. El demonio de la comprensión lectora ataca de nuevo, esta vez a la hora de impedir que Bernthal entienda los cómics que se ha leído del personaje.
Durante toda la recta final de One Last Kill se nos presenta a Frank como un héroe, con mucha gente agradeciéndole que literalmente acabe de matar a no sé cuantas personas. La visión que tiene el especial sobre la violencia que ejerce The Punisher es lamentable, mostrando un barrio en el que todos se ponen violentos y a saquear a la mínima que hay incertidumbre, como si las personas realmente fueran así y esto no fuese una paja nihilista.
Hay gente tan estúpida, o tal vez tan desensibilizada, que apoya el hecho de que Frank mate a todas estas personas, tomándose la justicia por su mano, de forma no irónica. Y sí, esto es ficción, pero también es arte, y el arte siempre tiene un mensaje, ya sea explícito o implícito. Aquí se glorifica la idea de que alguien que ha hecho algo malo no merece una oportunidad de redención ni tratamiento, sino que se merece un balazo de The Punisher, dejar de existir, y punto. Larga vida a la falta de empatía y al pensamiento «realista» de un quinceañero.
Junto a todo lo que hace mal o a medias este especial, esta idea es la que más rabia me da. La escena final deja muy claro este mensaje que comento, siendo una continuación de la primera escena del capítulo hecha para que el espectador promedio diga «¡Eso es, mátalo Frank, que se lo merece!» sin pensar mucho en lo que está diciendo. El personaje no va de esto, y de hecho es una crítica a ese tipo de pensamiento, al ser alguien completamente loco y sin mucho sentido de la justicia real más allá de lo que a él le apetezca.
Lo que hace The Punisher; One Last Kill es la validación del típico argumento que justifica que un anciano que dispara en la cabeza y mata a alguien que ha entrado a robar a su casa no debería ser culpado por asesinato ni por ningún crimen. Como si el ladrón no fuera una persona también. Como si las personas que hacen algo horrendo pasasen a ser demonios sin alma ni sentimientos, en lugar de seres humanos con la capacidad de aprender y mejorar. Como si El Castigador tuviera razón.







