The Bear es esa serie que, tras sus primeras dos temporadas rompedoras que había visto todo el mundo y que te recomendaban sin parar, al llegar las siguientes partes pareció desaparecer del ojo público. Pero… ¿por qué? ¿Ha empeorado con cada temporada? ¿Ya no había buena publicidad? ¿Qué ha pasado exactamente con esta producción para que, al salir su última entrega, no parezca un acontecimiento relevante apenas una semana después de su estreno? Vamos a averiguarlo.
La serie de Christopher Storer es una rara avis en el mundo en el que vivimos. The Bear empezó en 2022 y ha terminado en 2026. Cinco temporadas que han salido anualmente, con una media de diez capítulos por tanda, y que no ha fallado ni por un momento desde que llegó a Disney+. Cuenta con una calidad de producción por encima de la mayoría y no ha caído en las prácticas horrendas de los actuales servicios de streaming. La serie siempre se ha mantenido con un diseño impoluto y una dirección clara. La ves y en ningún momento cae en la dinámica de tomar decisiones «en favor de los fans»; al contrario, cada elección es congruente con sus personajes y con el restaurante que Carmy, Syd y Richie están intentando sacar adelante.
Técnicamente os he mentido: sí que ha tenido un defecto de la era actual de la televisión, y es que cada temporada ha salido de golpe. Estrenada los últimos viernes de cada mes de junio para que te la acabes en ese finde, a tu ritmo. Es una serie que se prestaría a la conversación semanal, pero que desde el primer momento ha rechazado esa idea. The Bear no ha fracasado, ni por asomo, pero viviendo en un mundo tan cambiante, donde una semana algo es popular y a la siguiente ya está sobrevalorado, no hacerte tu hueco en la conversación pública puede generar una desconexión entre el espectador y la producción.

La segunda temporada de The Bear estaba confeccionada para ser un hit, y así fue. Ahí tenemos los capítulos Peces y Tenedores (casualmente uno detrás del otro), que son los favoritos del público. Me gusta mucho hablar de estos episodios porque me parecen la muestra perfecta de lo que la gente creía que era esta serie y lo que ha acabado siendo.
Peces es una olla a punto de ebullir: la familia Berzatto reunida para pasar las Navidades. Un capítulo en flashback, lo que significa que podemos ver a Mikey en toda su gloria antes del accidente. Un momento en la vida de los personajes que nos hace verlos con otra perspectiva. Por supuesto, es también uno de los guiones más tensos que tiene la serie; lo acabas y necesitas parar en seco. The Bear, desde su piloto, ha tenido siempre la cualidad de construir grandes discusiones. Era una serie de personajes gritándose los unos a los otros. Los Berzatto son una familia que lo sienten todo de forma tan intensa que parece que no saben relacionarse si no es enfrentándose, incluso cuando supuestamente se están diciendo que se quieren.
Tenedores es todo lo contrario: la catarsis hecha capítulo. Uno en el que el foco es Richie, el claro niño bonito de la serie, que por fin tiene su gran momento para brillar y lo consigue con luz propia. Un guion precioso sobre cómo todos tenemos la posibilidad de cambiar, de mejorar, y de que nunca es tarde mientras tanto nuestro entorno como nosotros creamos en esa segunda oportunidad. Acabas el capítulo por todo lo alto, con posiblemente el mejor needle drop que se hará nunca de una canción de Taylor Swift y con la promesa de que el nuevo restaurante va a estar en buenas manos.

Cuando empezó The Bear, era la serie de personajes gritándose, insultándose e intentando hacer las cosas lo mejor posible mientras parece que su mundo se deshace delante de ellos. La serie abre con el suicidio de Mikey todavía muy reciente. Nadie quiere hablar de ello, pero todos lo hacen con sus silencios o miradas. Es una primera temporada que muestra a cada personaje en un estado distinto del duelo. La llegada de Syd al restaurante parece la promesa de que las cosas pueden y tienen que cambiar, pero ¿se podrá?
El final de la segunda temporada de The Bear es otra bomba de relojería. No es que todo salga mal, pero sí es una muestra de que, aunque hayan abierto un nuevo restaurante y tengan ganas de comerse el mundo, todavía les queda camino para crear el menú perfecto. Entonces llega la tercera temporada y, en vez de seguir como hasta ahora, cambia las reglas del juego. Es una temporada de transición, con muchas pausas, con muchísima introspección en sus personajes. Va hacia atrás y hacia el presente todo el tiempo, pero no avanza; no es el siguiente gran paso de la serie. Eso generó bastante rechazo y aburrió a parte del público, que acusó a la serie de haber perdido su toque por querer convertirse en algo más pretencioso, al tener capítulos en los que muchos de sus actos eran prácticamente mudos.
Y entonces llega la cuarta temporada. La serie se está quedando sin tiempo por dos motivos: sus tres estrellas principales están empezando a trabajar en más proyectos. Lo que supone dedicarle menos tiempo a este y segundo que, por más bonito que fuera el sueño de Carmy, ¿ha valido la pena tirar abajo el negocio familiar de The Original Beef of Chicagoland para construir otro restaurante de lujo más como es The Bear?

No es que yo quiera centrarme en exceso en las opiniones de los demás, pero es que a esta serie se le ha llegado a acusar de promover e incentivar los claros problemas de gentrificación y eliminación de barrio que vivimos actualmente a lo largo de todo el mundo. Que no es novedad que la gente vea las series con el móvil en la mano y luego pasa lo que pasa, pero es increíble cómo de repente ahora The Bear es criticada por querer abandonar el conflicto. Como el capítulo de la boda de la cuarta temporada es una maravilla que hace las funciones de respuesta a todo lo que ocurrió en Peces, pero nadie habla de ello porque no hay un gran momento de tensión. Parece que incluso los espectadores están aterrados de las conversaciones adultas.
Antiguamente esta serie habría sido mucho más larga y, por extensión, habría dado también más rodeos. Habría durado diez años en vez de cinco. Tardaríamos más en llegar a todo y tendríamos prácticamente un episodio como Peces por cada temporada. Estaríamos en una situación de tener una infinidad de capítulos de personajes gritándose. Los tiempos han cambiado y eso tanto Christopher Storer como su equipo lo entienden. Por eso The Bear es, de momento, el final más satisfactorio que hemos tenido de una serie moderna en los últimos tres o cuatro años. Viniendo de un año con los desenlaces de Euphoria, The Boys o Stranger Things, el cambio de paradigma es para aplaudir.
Como antesala a la quinta temporada, tuvimos un mes antes el especial de Gary. Otro episodio en el pasado dándonos un último momento entre Richie y Mikey. Un capítulo fantástico, si me preguntan, que funciona como despedida perfecta para el personaje de Jon Bernthal, mostrando el motivo de por qué antiguamente las cosas eran como eran para Richie y los Berzatto. Un hombre claramente muy complicado y atormentado, pero que también no sabía manejar las cosas sin que hubiera violencia de por medio. Con Mikey no se podía ni ganar ni perder.

Ahora estamos en la quinta temporada y Mikey no es que no sea relevante, pero ya es cosa del pasado. The Bear ya no quiere ser misteriosa con el fantasma que la recorre, porque ya sabemos más que suficiente. Ya no puede atormentar a los personajes y estos mismos ya no quieren vivir en la miseria. La serie cambia el “que te jodan” por el “te quiero”. Porque es muy difícil vivir en un mundo sin Michael Berzatto para nuestros protagonistas, pero también es lo que les ha tocado y, si no han aprendido nada tras el suicidio de la piedra angular de la familia, ¿qué más van a hacer?
Este último turno de The Bear cambia también el formato y la estructura, tomando inspiración en The Pitt. Esta producción de HBO parece su sucesora en esta marabunta de temporadas no anuales. La serie no quiere finalizar con una gran conclusión, porque tampoco puede. Tras lo que fue la cuarta, había una cuenta atrás que había llegado a su fin; el futuro pintaba incierto, pero no era sinónimo de algo negativo. Ese es el gran factor que hace a esta temporada tan buena: son capítulos muy humanos. Aunque hayamos pasado a cámaras de cine y la dirección pase de ser más bruta a algo mucho más elegante, esta es una despedida de viejos hábitos.
Por eso la serie nos mete de lleno en el peor turno posible: con un diluvio en Chicago, con el restaurante cayéndose a pedazos, con falta de productos para cocinar y revelaciones que todavía no se han hecho públicas. El equipo creativo de la serie vuelve a poner contra las cuerdas a sus personajes para un último asalto, para ver si de verdad han aprendido algo o si son capaces de volver a las viejas actitudes.

The Bear está lejos de ser la mejor serie del mundo y su estilo hace que sepas adivinar desde el principio cómo se van a manejar cierto tipo de conflictos, pero que sea previsible no la hace de menos. Porque está entregada a contar esta pequeña historia sobre personajes dedicados a la cocina. Sobre cómo tu pasión habla al completo de ti: quizá acabe contigo, quizá no tengas otra cosa o quizás lo necesites más que respirar. Porque nada se siente igual.
Carmy no quiere que Syd se convierta en otra versión de él, y ella no quiere ni por asomo acabar así de machacada por su pasión. A veces lo más maduro es lo que más nos duele. Es un mensaje precioso y honesto de cara a la audiencia. Porque es muy fácil caer en viejas costumbres, en dejarnos llevar por nuestros instintos y después disculparnos para seguir repitiendo los mismos patrones, ¿pero es eso acaso lo que queremos? ¿Va a ser nuestra vida siempre igual? Nada volverá a ser igual, y es que eso no es malo, sino distinto. Por eso, por más difícil que fuese, The Original Beef of Chicagoland necesitaba cambiar de arriba abajo y dar paso a The Bear. Continúe o cierre el restaurante, su concepción era inevitable.
La conclusión es que sí, claro que hay que ver The Bear. Porque ha sido una serie tan consistente consigo misma que da vértigo y por la que estar agradecido. Ahora se mirará con lupa y se dirá que es una serie más, lo que en parte es cierto, pero de cara al futuro, cuando se vuelva a hablar de ella, estará todo el mundo con el estómago satisfecho.






